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jueves, 15 de julio de 2010

“Está usted sobreevaluado”

Muchas cosas me llaman la atención y a veces me asombran de lo que veo y descubro en mí andar. Algunas de ellas ya he tenido la suerte de escribirlas en este blog, que para nada tiene el objetivo de criticar o denigrar lo que veo, escucho, leo. Sólo para mí significa la posibilidad de comentar, obviamente desde mi cerebro y cultura, lo que vivo y quizás además, dejar un recuerdo a los míos.

No creo que lo de entender y no entender es algo exclusivo que me sucede a mí. Sencillamente debe ser un proceso normal en cada emigrante. No imagino qué pudiera entender un dominicano que decida mudarse a Cuba y más, cómo podría insertarse en la vida cubana, pues nosotros mismos los ciudadanos de aquella noble tierra no entendemos ya casi nada de lo que allí puede pasar.

Dedicaré mi tiempo hoy a una frase, una simple frase que casi está por crear en mí un gran complejo o un trauma irreversible, “Está usted sobreevaluado”. Sencilla frase que no entiendo y con frecuencia no creo, aunque para la mitad de los dominicanos con que converso diariamente, en especial mis alumnos, es algo bien normal.

Cuando una persona decide emigrar, en sentido general, sobreviven en ella, incluso en las más valientes y decididas, varios miedos. Uno de ellos puede ser la capacidad real de insertarse en la sociedad destino y la posibilidad de conseguir un trabajo. Las imágenes vistas en las películas, sobre todo de facturación made in USA y algunos de los cuentos de los coterráneos que han corrido el mismo camino, resultan alentadoras, pero siempre queda una incertidumbre dentro, muchas veces no comentada para no mostrar “débiles sentimientos”. , ¿Lo lograré yo?

En mi búsqueda de trabajo, he visitado varias empresas en el corto tiempo que llevo aquí. Empresas aparentemente grandes y no tan grandes que por momentos dicen buscar especialistas para determinada área y la frase que más aparece en la entrevista de rigor después de la revisión del curriculum, es precisamente “Está usted sobreevaluado”. La primera vez que la escuché tuve que pedir que me la repitieran varias veces, lo que de seguro creo cierta preocupación en mi interlocutor, pues pudo haber dudado de mi capacidad de entendimiento. La frase y lo que detrás de ella puede haber me parece brutal, trataré de explicar por qué y a lo mejor en este esfuerzo, termino yo por entenderla y así protejo mi salud mental.

Cuando uno es joven, al menos cuando fui joven, mi familia tratando de hacer de mí un hombre preparado, de cultura e ideas, no paraba de recomendarme libros, artículos, estudios, cursos para cuando los necesitará. Había que acumular conocimientos bajo el lema de que, lo que bien se aprende nunca se olvida ni sobra. Entonces lo mismo me recomendaron que aprendiera mecanografía, de siempre ha sido una ventaja para conseguir empleo, que estudiara ruso por si algún día tenía que viajar al “país hermano”, que me leyera el Corán y la Biblia, pues para poder “combatir” a la religión había que conocer sus preceptos o sencillamente que pasara un curso rápido de cosmonauta, por si acaso se me presentaba la posibilidad de dar un viajecito al cosmos.

No fui muy disciplinado y entonces muchas de estas cosas me las ahorré, sobre todo el idioma ruso, hubiera sido más fácil el curso rápido de cosmonauta. Puedo asegurar que mi madre, una de las personas que conozco con mayor capacidad para el estudio, casi todos los días de mi vida laboral, me entregó artículos, papeles, resúmenes, para que leyera. Muchos ni los miraba, de seguir sus deseos no podría haber hecho más nada que leer y sólo tengo una vida. Puedo asegurar que esa intención de ayuda y orientación se manifestó incluso hasta momentos antes de irme de Cuba, donde ella me hablaba de lo que tendría que estudiar pues me podría servir para insertarme y pudiera parecer mentira, pero es cierto, todavía hoy me escribe y entre los consejos de mamá, nunca faltas sus recomendaciones de que lea o estudie tal o más cual tema.

Al final de la historia, aunque indisciplinado, ese esfuerzo familiar y un poco del mío propio, creó en mí el hábito y la necesidad del estudio. Por lo que a mis casi 25 años de vida laboral, puedo exhibir un curriculum grueso y real en cuanto a experiencias laborales y formación académica, además de muchos cursos pasados como alumnos, muchas materias impartidas como profesor, investigaciones, ponencias y premios, artículos, folletos, libro escrito, etc. Lo que entiendo, puede impresionar a cualquier persona que no ha caminado ese mismo camino mío.

En mi necesidad de aprender y enseñar he leído muchos libros sobre dirección de empresas, estrategias empresariales, marketing en todas sus variantes, incluso sobre recursos humanos y en ellos todos hay un elemento común para las empresas independientemente de su tamaño, tipo, etc., y es precisamente la posibilidad de encontrar una persona bien preparada y muy interesada en el trabajo como características indispensables para luego desarrollar los objetivos deseados. Mientras más preparado el empleado, mientras más capacitado y obvio, noble y sanamente interesado, mejor será para el empleador.

Eso pensaba yo y repito hasta el desgaste en mis clases, sin embargo la realidad supera la ficción y de ahí entiendo las caras de algunos de mis alumnos de incomprensión - lástima, pues no ven ésta realidad reflejada en sus vidas diarias. Algunos de ellos para enseñarme y ayudarme me han tratado de explicar lo que al parecer es una tradición en este entorno económico empresarial.

La empresa busca personal para trabajar, pero no quiere o en algunos casos no puede pagar lo que debe pagar, primando como cultura un sentimiento de explotación y hasta cierto punto humillación, mayor que el que describen los libros, con los mal llamados recursos humanos. La empresa busca personal para trabajar, pero como no paga lo que debe, está convencida que la persona insatisfecha trataré de salirse lo antes posible del asunto y entonces tendrá que buscar otra persona, por lo que aquello de estabilidad laboral, fidelidad, sentido de pertenencia queda solo para la teoría. La empresa busca personal para trabajar, pero los que dirigen muchas veces no tienen la mínima preparación, pues una parte de ellos han llegado a los puestos que ostentan por vías poco ortodoxas y entonces sienten miedo frente a un empleado más preparado e interesado. Por lo que para mí, muchas de estas empresas buscan personal para trabajar, pero en realidad no saben lo que busca.

La idea de “Está usted sobreevaluado” queda como una frase hipócrita, para sacarse de arriba a una persona, muchas veces sin indagar tan siquiera en lo que ella está interesada en obtener. Pocas veces se investiga sobre el interés personal del potencial empleado, muy pocas veces se cree en sus deseos de trabajar, crear, incorporarse, participar, aprender y enseñar. Sólo prima la idea de lo que voy a tener que pagar y no quiero o no puedo pagar.

Me parece increíble y hasta cierto punto absurdo que a la hora de confeccionar un curriculum, herramienta de comunicación comercial personal, sea casi un sacrilegio poner que se tiene más de 40 años, por miedo a parecer viejo, cuando teóricamente a esa edad es que una persona, después de haber sedimentado bien sus conocimientos y experiencias, puede producir de forma independiente y productiva. Me parece absurdo que sea casi obligatorio incorporar una foto, a veces mecaniqueada en Photoshop, tal como si la cara o el color de la piel tradujeran los conocimientos y habilidades. Peor, me parece brutal la ansiedad que crea la ropa que hay ponerse para una entrevista, tal como si se estuviera escogiendo vestirse para modelar o asistir a una boda de la alta sociedad. Lástima, el color de la piel, la cara, los años y ropa que se exhibe, son a veces los únicos atributos interesantes para el potencial empleado y el empleador.

Puedo asegurar que no pocos amigos, con el ánimo de ayudar, me han sugerido que cambie mi curriculum, no para agregarle cosas y adornarlo, como es también muy común encontrarse, sino para quitarle estudios, experiencias y habilidades. Si, quitarle cosas y dejarlo casi inocente e inofensivo para no alarmar al empleador. Pobre madre mía, moriría de un infarto. No sería la única, creo que moriría de un infarto el mismo infarto.

Seguiré insistiendo sin cambiar mucho. Conozco a muchas personas y soy de los que está convencido de que es preferible tener empleados y empleadores, pareja, hijos, amigos e incluso enemigos que estén sobreevaluados. Casi siempre son más difíciles, pero por lo menos de seguro, son más interesantes, dinámicos y divertidos.