lunes, 9 de abril de 2012

DAR CONSEJOS


Sabiduría al Minuto
"¡Si la gente no te pide consejos, ¡es porque no los quiereeeeee!" 
Andrew Matthews.

Ayer en la tarde, me propuse dar por cerrada la jornada de Semana Santa, que lo mejor que tiene es que hasta los públicamente no creyentes, disfrutamos de sus beneficios. JAJAJAJAJ. En realidad, me sigue llamando la atención, por decirlo de alguna forma, que la Iglesia sigue insistiendo en que sea un evento para la reflexión, el auto análisis, y la tranquilidad para meditar y la mayoría de los mortales aquí, fervorosa y devotamente autoproclamados religiosos, esperan la fecha con muchos planes de “fiesta y pachanga”. Hoteles, playas, campos y alcohol, mucho alcohol. En fin, cada cual dentro de su rol, hace su parte.


Los amigos citados en el lindo parque de la Avenida Anacaona, primero pocos y luego casi los tantos de siempre, donde también hubo su poquito de alcohol, lo que da la idea de que sin este componente no hay Semana Santa, JAJAJAJAJAJA, comenzamos a “filosofar” sobre la vida y entonces me comprometí a escribir sobre este tema, que es uno de los temas que más sufro diariamente.

Dar consejos y adelantar experiencias, tarea noble y bien intencionada. Tan vieja como el mismo hombre, de ahí la rápida aparición de los venerados ancianos y brujos de las primeras tribus, se convierte en un gran problema para aquellas personas que, sin ser venerados ancianos aún y menos brujos, disfrutamos haciéndolo.

La idea, a mi parecer, parte en la mayoría de los casos del cariño, del respeto, de la estima que se tiene por otra persona y sobre todo de la capacidad de haber vivido, experimentado, tropezado y vuelto a tropezar, pues la famosa experiencia es más que todo la suma de los fracasos. Entonces, ¿cómo es que un acto que pudiera catalogarse de enormemente humano, termina muchas veces echándolo todo a perder?

La respuesta parece resultar hasta cierto punto fácil dentro de lo difícil que es de entender. Las personas no quieren escuchar consejos. Más aún, las personas no quieren escuchar la verdad, sino que se encierran en su verdad y nada más que su verdad.

Veamos un ejemplo:
Una persona amiga viene a hablarte de un problema que tiene y no sabe o puede resolver. Te dispones a atender, escuchas pacientemente y cuando la haces reflexionar sobre determinado punto, se incomoda, se pone nerviosa, contradice lo que dices, argumenta y argumenta para mantener su punto de vista. En fin, lo que comenzó como un proceso para mejorar, la mitad de las veces termina creando lamentables desencuentros.  Recuerdo que un día, no hace mucho, una gran amiga me dijo, “es verdad, tienes razón, no me gusta escuchar la verdad”.
 
La personas, muchas veces estresadas, sólo quiere descargar, pero para nada le interesa llegar a la verdad y mucho menos tomar acciones para revertir la realidad. Es sencillamente un acto de  descompresión, pasado el momento, las personas volvemos a la misma miseria, no precisamente económica, que nos trajo a la conversación, pues esto nos da posibilidad de quejarnos mañana.

En realidad, mi verdad no sería la verdad absoluta, creo que esto es difícil cuando se sale de un laboratorio, pero al menos es otra verdad, otra forma de ver, de percibir, otro análisis. Idea que muchas veces queda mejor después del intercambio. Normita ni idea tienes de cuánto te extraño en esa capacidad para llegar hasta el fondo de las cosas, no importa la magnitud o el daño que esto cause.
  
El problema me parece más profundo. Las personas hoy no queremos pensar y entonces, ¿a quién se le puede ocurrir que se pretenda analizar un determinado hecho o actuación hasta lo más profundo de sus consecuencias?, ¿para qué sirve esto? Es paradójico, muchas veces mientras más nivel cultural y profesional, menos capacidad o interés de pensamiento, menos interés para buscar la verdad. Mientras más de académico, menos del famoso emocional. Las personas nos refugiamos en nuestros argumentos y no queremos escuchar más nada. Lamentablemente poco hemos aprendido del romano Séneca con aquello de que “la vida que no se piensa, no vale la pena ser vivida”.

De ahí lo complicado de dar consejos. Es cierto es una acción humanamente sana, que debería ser reconocida y sobre todo agradecida, pero como de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno, termina por convertirse en problemática.

Es algo que estoy todavía a mi edad aprendiendo. Me cuesta trabajo, pero lo tendré que lograr antes de desaparecer. La idea es escuchar y escuchar y hasta que la otra persona no pida por escrito y oficialmente el consejo, no emitir criterios. Y así y todo ser bien cauto.

Tengo entonces que disculparme con mi familia y amigos, a los que tanto y tantas veces he podido llegara a torturar con ideas nuevas, voluntarias y nobles, pero empedradoras de caminos que no se quieren transitar.

Dos recomendaciones.

Lean a Séneca, podrían sus ideas, a pesar de tener más de veinte siglos, sernos útiles para enfrentar la vida hoy. Nunca es tarde para comenzar.

¿Quieren un consejo sano? No te piden casi oficialmente un consejo, ahórratelo. A muchas personas no les interesa escuchar sobre la vida que llevan, menos cambiarla. Yo estoy practicándolo.

lunes, 2 de abril de 2012

SERÉ ABUELO

Tengo 49 años recién cumplidos y ayer muy tarde en la noche me enteré, aspiro que haya sido la tercera persona en enterarse, JAJAJAJAJA, que dentro de 9 meses, más o menos, seré abuelo por primera vez.
Esto provocó una mezcla de sentimientos encontrados, o sea, unos que vienen desde la derecha  a alta velocidad y otros que vienen exactamente del lugar opuesto a la misma velocidad, pues a pesar de que la noticia es muy buena, la residencia de mi hija  Jennifer en Texas, USA, lo complica todo de momento. Ya saben, la separación nos pasa su factura.
Entre medias risas y medio llanto de todos los integrantes de mi familia en RD, frente a un teléfono como si tratáramos de ver a través del plástico del aparato, nos empeñábamos en comprender la noticia, que por más que humana y acostumbrada, no deja de ser impactante cuando uno está involucrado directamente. Comprender, más allá de la unión de un espermatozoide con un óvulo, obviamente.
Ser padre es para mí una categoría ya vieja. Llevo muchos años en esta maniobra, en la que he tratado de enseñar y como es más que sabido, he aprendido mucho. Pensar en ser abuelo y adaptarme a la idea es bien nuevo.
Crecí con mis dos abuelas. Ellas se llevaban públicamente bien, pues vivían separadas por una placa en nuestra casa de dos plantas, lo que hizo que el recuerdo que tengo de esa categoría de familia es muy agradable. Todo, sin importar la magnitud del problema, se resolvía subiendo o bajando una escalera. No se cómo hubiera sido tener dos abuelas en un mismo espacio físico, porque la coexistencia pacífica de dos abuelas, relacionadas con los mismos temas todo el tiempo, hubiese sido quizás problemático, vale la pena decir que éramos tres hermanos y dos primos.
Mi abuelo paterno casi no existió, más allá de algunos cuentos y mi abuelo materno, el gran Papa Felo, a pesar de que no vivía con nosotros, tuvo hasta que murió mucha influencia y presencia en mi familia, casi tanto que parecía que estaba todo el tiempo en mi casa.
De ahí que me atreva a asegurar que tengo muy buenas referencias para poder enfrentar esa nueva función que dentro de poco disfrutaré. Imagino que a todo el que le tocó aunque sea una buena abuela o abuelo, hoy tenga la misma imagen.
Ya he notado el cambio, pues por primera vez en mi vida he buscado en un diccionario el significado de la palabra abuelo.
Abuelo del latín *aviŏlus, entre otras definiciones quiere decir:
1.- Respecto de una persona, padre o madre de su padre o de su madre. Menos mal que sobre esto nunca preguntaron en aquellas pruebas de Español que nos hacían en la secundaria o el preuniversitario. La Real Academia Española no pudo encontrar otra forma más difícil de definirlo, porque no la había.
2.- Persona anciana. Como se puede ver una de las definiciones apunta a que el término se aplica a una persona vieja. De madre, pues hasta ayer mismo en la noche, luchaba por el reconocimiento de mi juventud, es cierto que madura, pero juventud. JAJAJAJAJAJA
3.- Antepasado de una persona. Esto me suena a aquello de “… el mono, antepasado del hombre”. JAJAJAJAJA
Lo cierto es que mi hijita Jenny, ya grande, se va a convertir en mamá y de ahí que me proponga el puesto de abuelo, que lógicamente recibiré con mucho agrado y trataré de honrar, tal como he hecho con la función de papá.
¿Será varón o hembra? Ya se que es demasiado rápido, pero como también conozco que no se puede cambiar de sexo después que se define, al menos antes de nacer, me he comenzado a interesar por el tema.
Me gustaría varón, ya saben, el bate y la pelota, los juegos fuertes, quizás alguna que otra malapalabrita, las muchachas a conquistar cuando vaya creciendo, etc. Tengo un hijo varón al que admiro. Sería como volver a vivir yo mismo desde pequeño. Me crié con dos hermanos varones, hoy ninguno está enfermo de los nervios, no tenemos fobias, podemos comer hasta piedras, somos hombres trabajadores con las manos y la cabeza y mis hermanos han sido avanzados en el término muchachitas.
Pero, me gustaría que fuera hembra. La presencia de la hembra endulza a la familia. Son lindas y dulces, por muy feas y agrias que sean. Cuando tuve a mi primera hija, Jennifer, se me olvidó la aspiración juvenil de querer tener un hijo varón. Los papás la pasamos bien con una hija hembra, la comunicación y la relación son muy particulares. La presencia de una hija hembra nos cambia la vida.
Además, me gustaría que fuera hembra, de esta forma mi yerno Yordán me las pagará todas juntas. JAJAJA. No te apures dicen los abuelos, siempre hay más tiempo que vida.
Lo cierto es que para esto, ser anciano y antepasado del ya pasado, es muy lindo. Agradezco tener vida para poderlo ver y disfrutar. Y de seguro eso lo haré.
Entonces desde aquí felicito a Jenny, mi hijita linda, ya grande y a Yordi. A él doblemente, hoy por su cumple y por la noticia de ayer, que nos cambiará a todos la vida.
Estoy convencido que ésta es, de todas, la mejor elección.

LOS MENSAJES DE LA VIDA




Sabiduría al Minuto.
“Llegan momentos en la vida en que estamos listos para recibir nueva información, mientras tanto, podemos tener algo frente a nuestras narices y no notarlo”
Andrew Matthews.


Buena reflexión para comenzar a escribir sobre el libro que leo, o mejor, que estudio.  Es cierto, yo y seguro muchos de ustedes, somos ejemplo de esto.
Constantemente la maestra vida e incluso algunos de sus más aventajados ayudantes, aspiran a que aprendamos por adelantado, tratando con señales claras, de evitarnos tropiezos.
¿Aprender? No es sólo una pregunta, sino un gran problema, sobre todo cuando partimos de ideas como:
_ “Yo eso me lo sé. No vengas con ese tema ahora”
_ “A mí no tiene porque pasarme tal cosa”
_ “Quiero experimentarlo por mí mismo”
Si nos fijamos bien, para la mayoría de las personas, aquello de  “tropezar dos veces con la misma piedra” es bien común. Muchas veces se hace necesario caer al vacío, tocar el fondo, encontrarse al borde de la desesperación para entonces reparar en el problema que se tienen y comenzar a buscar una nueva forma de hacer las cosas.
La mayoría de nosotros no valoramos el pequeño éxito obtenido, o sea, el pequeño logro. Estamos condicionados  y quizás “necesitados” del gran éxito, que casi siempre lo que tenemos y alcanzamos, nos parece poco, dejando escapar la posibilidad de analizar, sacar experiencias y crear una cultura sólida sobre determinado tema. Y para colmo de males, nos perdemos la mejor posibilidad, o sea, la de ser felices.
El pequeño logro o éxito casi siempre aparece rodeado de “.. bueno, me hubiera gustado …”, quedándonos, a pesar de lo positivo alcanzado, con un sentimiento de insatisfacción. Sin embargo, el NO es torturante. Nos paraliza. A muchos da miedo. Y es entonces, sólo entonces,  cuando salimos corriendo a buscar una solución.
No está del todo mal, pienso yo. Mejor tarde que nunca. Pero en muchas ocasiones la crisis, famosa generadora de grandes ideas, es también la causante de otras crisis mayores que pudieran evitarse.
De ahí que frente al NO, muchas personas se respondan con la clásica pregunta de: ¿por qué me tiene que pasar esto a mí? y no logren salir de ese enrollo. Posición clásica de los llamados perdedores.
La vida está llena de lecciones para todo y todos. Si no aprendes la primera lección de la primera vez, de seguro habrá otra y otra y otra más, casi siempre más dura. Si no reparamos en la pequeña piedra, nos enviará para golpearnos un ladrillo, luego un bloque e incluso una gran roca de magnitudes incalculables, que terminará por aplastarnos si permanecemos sin escuchar.
Siempre la vida suele tener muchas lecciones para ganarnos. Las lecciones son inagotables para aquellos que, como buenos representantes del género animal, tropezamos una, dos y mil veces con la misma piedra.
Tal como en la genial película “Meet Joe Black” donde se unieron dos grandes del cine actual, Brad Pitt y Sir Anthony Hopkins, para representar un diálogo entre la muerte, la vida y la filosofía de ambas cosas, la vida nos dice:
_ No quieres escucharme, no importa, te envío una piedra para llamarte la atención. Sigues sin escucharme, entonces te mando la cantera entera y probablemente quedes sepultado debajo de las piedras.
Es así,  aprendes por las buenas o sencillamente aprendes por las malas.
Cada día enfrento la relación con muchas personas, familia, amigos, compañeros de trabajos, alumnos, tratando de alertarlas sobre los mensajes que nos envía la vida. Compruebo que, como dice Matthews, muchas de esas personas no están listas para recibir nueva información, ni preparadas para pensar sobre la vida que viven y prefieren continuar enajenadas en una “verdad” edulcorada que se van construyendo.
Muchas veces no logro que entiendan y no me queda más remedio que prepararme para ver caer sobre ellas la enorme cantidad de piedras que la vida les enviará en su tarea de enseñar.  Será así, porque pensar que escaparán ilesos, es una ilusión. 






jueves, 8 de marzo de 2012

Escucha a tu Corazón


Como he dicho antes, me he construido este blog para contar a los míos mis experiencias de vida en R.D. y en estos momentos asisto a una que además de ser divertida, es reconstructiva, pues enseña de forma amena, simple y clara, que es a mi gusto la mejor forma en que se puede enseñar.
Para entender mis ideas y se reconozca el valor de lo que luego voy a contar, es bueno que recuerde que durante toda mi juventud fui enemigo de los psicólogos. Su labor me parecía poco justificada. Recordaré también que provengo de un hogar pragmático, objetivo, materialista dialectico, poco glamuroso, donde para mis padres y abuelos lo más importante era el estudio, el trabajo y el fusil, luego de haber comido bien. Bien significaba mucho. Por todo esto nunca tuvimos problemas psicológicos y entonces nunca necesitamos este tipo de ayuda.
Siempre me llamó la atención, lo que servía como alegato para mi defensa, que conocí psicólogos, especialistas en terapia familiar y de pareja, que se habían divorciado 5 veces y peor habían dejado hijos en cada uno de los intentos y me resultaba difícil echarle toda la culpa de los fracasos siempre a sus conyugues. Además, al menos en Cuba, eran o son famosos los hijos de los psicólogos y siempre se decía: “si quieres ver un niño malcriado y pedante, remítete a los hijos de los psicólogos”. Durante todos aquellos años fue para mi más que evidente el asunto, o todos eran muy malos psicólogos, o sencillamente la psicología no sirve para mucho. Conclusión entendible durante mi juventud radical, pues suponía que el buen albañil debía levantar bien los ladrillos de su casa y el buen chef de cocina tenía que lograr siempre que la comida quedara bien cocinada independientemente de estar en la cocina de un restaurante o la de su hogar. Mi juventud radical no me permitía entender aquello de “candil de la calle y oscuridad de su casa”.
Con el paso de los años, mejor decir de bastantes años, mi acercamiento teórico a algunos temas relacionados con la conducta humana y mi relación de amistad diaria primero con Miriam, la gran psicóloga de Víbora Park, y luego con la bella Anny, residente hoy en Portugal, hicieron que poco a poco, pues tampoco fue de sopetón, mi opinión sobre esta especialidad y su importancia fuera cambiando.
Llegué entonces a R.D. y uno de mis trabajos me ha llevado a estar cerca de Lissette, cuyas dos carreras universitarias en el área de los números, no han podido opacar la pasión que siente por los temas de crecimiento y desarrollo humano. Lissette comenzó en este tema hace ya algunos años, no diré cuántos para no develar su verdadera edad, por pura necesidad de crecer o quizás sobre vivir y hoy esto se ha convertido en uno de los pilares de su diario quehacer. Entonces de pronto me veo envuelto en temas teóricos, profundos, de los que siendo sincero, jamás en mi vida pensé que leería un párrafo y como dice el refrán popular: “a quien no quiere caldo, tres tazas”. Lissette con enormes dosis de determinación, sin reparar en mi inicial desgano, muy parecida a mi madre en su capacidad de insistencia y perseverancia para el estudio, casi de forma obligada aunque dulcemente, comenzó a leerme y comentarme capítulos enteros de libros que ella maneja con cierta facilidad. No conforme con lo de leerme y comentarme, ha pasado a darme, (empujarme), libros que tratan sobre estos temas. La imagen que me viene a la cabeza es que tengo puesto un gran embudo en la boca y alguien desde arriba me está empujando y empujando algo y que solo me queda el recurso de tragar y tragar para tratar de salvar la vida.
Me gusta leer y lo hago por trabajo o placer casi todos los días, pero puedo asegurar que muchos de estos libros que hoy disfruto, jamás los hubiera tomado en mis manos y menos los hubiera comprado. Muchos de estas obras que hoy son vendidas como textos de autoayuda, lo que se ha puesto muy de moda en el mundo, tienen nombres ridículos y melosos y los que me conocen recordaran que esto nunca ha sido centro de mi atención.
Recuerdo que el primero que leí hace ya muchos meses, se titula Sopa de Pollo para el Alma. Título que inevitablemente dirigía mi pensamiento “materialista dialéctico” a un libro de recetas de cocina. Después de haberlo leído, no solo concluyo que es excelente sino que estoy de acuerdo incluso con la genialidad de ese título. Entre otros, luego accedí a uno de autoría mexicana que narra la experiencia tolteca y su aplicación para mejorar nuestra vida. Imagínense, un libro escrito por un mexicano y sobre los toltecas. Me parecía horrible. Durante mucho tiempo mientras leía, yo mismo me decía: “te has vuelto loco”. Al terminar de leer lo que descubrí fue tan bueno, que escribí un artículo en este mismo blog. Ahora estoy transitando por la lectura divertidísima de uno que se llama Escucha a tu corazón. Mientras me acercaba a él, no podía dejar de pensar en que parecía más el título de esas novelas ridículas  y enlatadas que ponen en la TV, o esos escritos también ridículos  y enlatados que aparecen dentro de las revistas de moda y sociedad. ¿Escucha a tu corazón? Me sonaba loco.
No he terminado de leerlo aún, pues lo tengo junto a otras cosas e incluso a otros libros, pero como estoy descubriendo, o mejor conceptualizando ideas muy importantes, quisiera irlo compartiendo pues estoy convencido de que si para mi es útil, también lo podrá ser para muchos otros, que quizás influidos por el título, jamás se animen a abrirlo. Una vez más, gracias Lissette.
Escucha a tu corazón, es una obra del escritor, dibujante y conferencista norteamericano Andrew Matthews, quien además del texto hizo las divertidas ilustraciones que aparecen dentro del libro. El texto, es muy fácil de leer, pues está escrito en un idioma claro, directo, lo que simplifica el problema para cualquier lector, al que no se le exige una enorme cultura, ni se le atiborra con conceptos teóricos y análisis súper profundos. Es sencillamente una obra que parte y comparte la experiencia humana, que puede ser entendida por cualquier persona, sin importar la edad, sexo y color, de cualquier latitud y cultura. Sólo, obviamente, hay que saber leer y pensar. La estructura, que es para mi el gran mérito, está diseñada a partir de temas y anécdotas, ligeras explicaciones aclaratorias y algo que el autor llama Sabiduría al Minuto, especies de pequeños consejos o moralejas que resumen el tema o idea que se explica en cuestión.
Entonces se me ocurre ir reproduciendo textualmente cada una de las mejores Sabidurías al Minuto, tratándole de incorporar también los dibujos en cada caso, y contarles mis experiencias sobre estos temas, o sea, lo que he pensado y vivido aquí y quizás, por qué no, en Cuba.

jueves, 16 de febrero de 2012

¿Masajista Cristiana?????

En realidad es poco lo que se pueda decir de los anuncios que aparecen en las vallas, los autos, las entradas de negocios y como si fuera poco en los periódicos de República Dominicana..
Es fatal porque muchos denuncian un desconocimiento o un gran desinterés por lo que se publica y la forma en que se hace. Fatal porque las personas que leen, a veces pasan trabajo para entender o peor, pueden leer y repetir y repetir el error sin distinguir la magnitud del mismo, creándose una cultura sobre lo mal hecho o lo mal dicho, de tal forma que llega a convertirse en la manera en que un gran grupo de personas se expresan despreocupadamente.
Muchos de estos anuncios poco entendibles incluso para hispanoparlantes, causan primero risas, luego en una segunda lectura, uno descubre que no sólo está mal el que lo inventa, sino todos aquellos que debiendo orientar, no lo hacen y se conforman con diseñar y publicar, obviamente ganando dinero. Algo así como mientras me paguen, me da lo mismo.
Hoy acabo de escuchar uno de esos anuncios, el cual me costó trabajo entender cuando me lo leyeron. En el  suplemento Plaza Libre, espacio dedicado a los anuncios de todos tipos que trae diariamente el periódico Diario Libre, hoy, jueves 16 de febrero del 2012,  aparece un anuncio que dice textualmente:
"Manicurista, peluquera, masajista cristiana p/rolo, lave cabeza, ..." 
¿Masajista cristiana?
¿Masajista para rolo?
En mi vida había visto algo igual.  
Para poner rolos en las cabezas de las mujeres lo que se debía necesitar es una peluquera o alguien que supiera de peinados. Qué lógica puede tener buscar a una masajista especialista en dar masajes, para poner rolos. 
En realidad no entiendo qué puede querer decir y qué tiene o puede tener que ver determinada creencia religiosa con el trabajo en un salón de belleza. Entonces he averiguado y me han comentado que mi interrogante puede tener otra explicación más pragmática y entendible para los dominicanos. Existen otros salones, que bajo la cobertura de estética y belleza, ofrecen servicios disimulados para hombres solos en busca de ... y a las personas que ofrecen esos servicios se les llaman aquí masajistas,  denominación que entiendo perfectamente y entonces lo que se anuncia en los periódicos son "locales para masajes". Parece que al menos por pudor e imagino algunas restricciones, está limitado poner en las secciones de clasificados anuncios sobre prostitutas y prostíbulos. 
Después de entender esto, pues cada pueblo tienen sus propias características y lo que está claro es que los dominicanos se la buscan, es hasta cierto punto cómico, porque, ¿cómo se prueba que soy cristiano? Es más fácil poder comprobar el color de la piel,  la tenencia de dientes o la posesión de una dentadura postiza, la tenencia de cabellos en la cabeza o la calvicie, la capacidad de cantar, incluso la de ver bien, pero, cómo se puede comprobar que se es cristiano. 
Sería imposible aunque en las iglesias, templos y mezquitas se entregaran una identificación, pues en República Dominicana se puede falsificar todo, las cédulas de identidad, los pasaportes, etc., así que una identificación católica, cristiana, o musulmana, se pudieran vender  y comprar en los supermercados.
No se qué pensaran los cristianos de este anuncio, le preguntaré mañana a mi amigo Furcal, dominicano y cristiano. A lo mejor los pone orgullosos porque los utilizan para identificar el bien. 
Ahora la que está complicada es la masajista en cuestión, no sólo tendrá que demostrar que es buena en el oficio de peluquera, sino que para ganarse el trabajo tendrá que argumentar sobre su filiación religiosa. 
De paso, podrían exigirle además que en la medida que ponga los rolos, ore junto al cliente o que le lea pasajes de la Biblia, así podrían entregar esto como un valor agregado al servicio que ofrecen.

martes, 17 de enero de 2012

Mi infarto.

¡Y al fin me dio un infarto!

Esto pudiera parecer una frase dantesca o una gran locura, pero es bien real.

Durante muchos años en mi ya casi larga vida, lo que se fue incrementando en estos últimos años, he escuchado de muchas de las personas que me rodean frases tales como:

_ “No fumes tanto, te dará un infarto”.

_ “No comas tanta grasa, mantequilla, mayonesa, etc. te dará un infarto”.

_ “No puedes engordar, te dará un infarto”.

_ “Trata de no coger tanta lucha y no discutas tanto, te dará un infarto”.

Y en efecto, como si fueran sabios en sus pronósticos, el domingo 11 de diciembre de 2011, recibí mi primer infarto.

Como la experiencia de pasar un infarto y poder contarlo es bastante exclusiva, aquí dejo la historia.

Amanecí el domingo 11 de diciembre de 2011 a las 5:30 am con un dolor en la parte izquierda de la espalda alta que se irradiaba por debajo de la axila hacia la parte delantera e izquierda del pecho. No se exactamente si me despertó el dolor o luego de estar despierto sentí que me dolía. El dolor era poco común, nunca antes lo había sentido, pero como soy zurdo, juego cancha y racquetball y hago muchas cosas con esa mano, lo achaqué a un dolor muscular. Me pasó por la mente lo del corazón, pero al ser un tipo sano, yo mismo me pronostiqué que no podía ser tal cosa.

Martica, que duerme desde hace muchos años a mi lado, se despertó y al verme sentado en la cama, cosa poco común teniendo en cuenta la hora, se preocupó un poco, pero mi seguridad del dolor muscular, recuerden que soy un tipo sano, la convenció y me suministró un ibuprofeno y me untó un poco de mentol en la espalda.

El dolor que primero fue intenso y más que dolor era una ardentía, fue desapareciendo hasta que me quedé dormido sin problemas. Volví a amanecer a las 10:00 am, lo que provocó que no fuera jugar racquetball, por suerte. Los religiosos me castigarían diciéndome, Dios sabe lo que hace.

Pasé todo el día bien, sin que nada me molestara. Fregué y me dediqué a conversar con los amigos con los que había almorzado y estando sentado muy tranquilo, para nada incómodo, de pronto me volvió el mismo dolor en la misma zona. Primero poquito y luego se hizo más fuerte. Para nada se me alteró el pulso, pues me lo tomé varias veces, no tuve dolor en ninguna otra parte del cuerpo, no me faltó la respiración, no sentí ganas de vomitar, o sea, sólo el mismo “dolor muscular” del amanecer.

Mi posición fue la misma, soy un tipo sano, pero mis amigos empezaron a insistir con que fuera al hospital, cosa que agradeceré eternamente, y frente a tanta insistencia, cedí.

Salimos en busca de un hospital que conozco, pero un tranque del tráfico o tapón como dicen los dominicanos, hizo que sugiriera que fuéramos a otro que estaba más cerca de mi casa, el Centro Médico Dominicano, al final hospital por hospital era lo mismo. Me bajé y caminé hasta emergencia, para nosotros cuerpo de guardia y le expliqué a la doctora que me atendió lo sucedido.

Ella me tomó la presión una vez y luego otra vez y me preguntó si había venido caminando, mi respuesta fue no, sólo del parqueo hasta aquí. Me dijo que tenía la presión alta, por lo que reflejaba su cara mi presión estaba muy alta, pero yo no sentía ninguna anomalía.

Luego un electro. Ya saben, curvas y curvas, y aunque uno no entiende nada, siempre trata de mirar como si pudiéramos adivinar lo que dice. Sería mejor que ni nos molestáramos en mirar, pero de todas formas miramos y lo que es más, intentamos traducir en medio de muchas curvas lo que tiene nuestro corazón.

Ya saben, cuerpo de guardia típico, doctores y doctoras que van y vienen, personas que entran y salen, impresión de que a nadie le importa que estés acostado en una camilla.

De pronto una enfermera me suministró una pastilla y me dijo “póngasela debajo de la lengua” y al ratico mi dolor en la espalda desapareció nuevamente, pero desapareció de tal forma que en un momento le dije a Martica que por qué no nos marchábamos, que ya no tenía ningún dolor.

La cara de Martica no era de muchos amigos. Mis amigos que me habían acompañado comenzaron a entrar al lugar donde permanecía acostado. Llegó mi hijo Jonathan, al que habían ido a buscar a casa de su novia y su cara era una mezcla de preocupación, susto y compasión. Todas las caras se habían deteriorando poco a poco. Lo cierto es que ya ellos sabían lo que me pasaba y aún yo insistía con lo del dolor muscular y con irme a mi casa. Soy un tipo sano.

Otro electro. Más curvas y curvas y más interés mío por descubrir qué estaba pasando. En realidad me llamaba la atención lo de los electros, pero como no sentía nada extraño, …

Una doctora entró y me preguntó si alguna vez me había dado un infarto. Respondí que no y ella con el electro en la mano le comentó a Martica que me había dado un infarto de libro.

¿Infarto de libro? Dije yo, sin salir de mi asombró, pues seguía sin sentir nada de anormal. Es cierto que me había dolido la espalda pero ya ni eso me molestaba.

Luego me preguntaron quién era mi cardiólogo. ¿Cardiólogo? Soy cubano y estoy en República Dominicana, por favor. No tengo cardiólogo.

Con los infartos pasa lo mismo que con los partos. Las mujeres siempre cuentan sus partos haciendo énfasis en el dolor, la sangre, los gritos, los niños que no salen, el médico que empuja con los codos, etc., tanto que a veces uno se pregunta cómo es que las mujeres vuelven y vuelven a parir. Es cierto que son dolorosos y que a veces se pasa mucho trabajo, pero en dependencia de la mujer que hace el cuento, es como si estuvieran narrando una película de terror que ha ganado un Oscar.

Como los seres humanos vivimos a partir de imágenes, los infartos siempre vienen con un dolor en el pecho que se irradia hacia el brazo izquierdo, la persona se pone la mano en el pecho, deja de respirar y se pone cianótica, quizás comienza a vomitar, medio se tambalea y se cae, muerto o vivo, pero siempre se cae. En dependencia de la película, la caída es más o menos estrepitosa, a veces llevándose con ella a otra persona, o a varios objetos que se encuentran en el camino hacia el suelo.

Pues estamos todos equivocados, esa imagen, la de los sufridos partos y la de las películas de terror son las más conocidas nada más, pero hay otras muchas formas.

Yo sufrí un infarto y lo que sentí fue un dolor en la espalda, sobre el omóplato izquierdo, tal como un aire de esos que se insertan en el cuerpo. Vino, me dolió un poquito, pero para nada un dolor insoportable y se me quitó.

Dos horas después apareció el cardiólogo de guardia, yo aún estaba vivo y me explicó que había tenido un infarto agudo al miocardio. Agudo significa súbito, mío quiere decir músculo y cardio corazón. O sea, un insuficiente riego sanguíneo en una parte del corazón, producido por una obstrucción en una de las arterias coronarias, esto provoca un insuficiente suministro de oxígeno, alguna de las partes del corazón cambian su funcionamiento habitual y de ahí el dolor.

Lo que vino después ya lo imaginan. Oxígeno, cama en terapia intensiva, análisis de sangre, sueros, inyecciones, pastillas, comidas de hospital sobre todo muy poquita, etc. La pasé bien en terapia, como no tenía nada que me molestara y no me sentía mal, me dediqué a observar el movimiento de los médicos y los pacientes que allí estaban, que por cierto al ser terapia intensiva estaban mucho más malitos que yo. El tiempo pasaba y yo me aburría, mandé a pedir un libro, lo que provocó que los médicos entraran y al verme leyendo, sus caras eran de esa de ¿??????? ¿Y …, el infarto?

El cardiólogo, al cual vi en dos ocasiones nada mas, mientras pasaba a preguntarme cómo me sentía, me comentó que era probable que me tuvieran que hacer un cateterismo para ver el tema de mis arterias, pero él tenía la intención de que siguiera siendo su paciente, o sea, ir al cateterismo y regresar a ese hospital. Para ese entonces yo no sabía que mi familia y Lissette, mi buena amiga dominicana, que se encontraba al pie del cañón como buena conocedora comandando las acciones, ya habían tenido sus encuentros con el cardiólogo, pues al plantearle que me querían cambiar de hospital, en busca de algo más especializado, éste se había opuesto, argumentando que allí yo estaba bien atendido. Ya saben, un paciente con un padecimiento del corazón, es en República Dominicana una gansa de huevos de oro.

Luego de dos días y muchos trámites burocráticos entre hospitales y seguro médico, me lograron trasladar al Centro de Diagnóstico y Medicina Avanzada y de Conferencias Médicas y Telemedicina, (CEDIMAT), centro médico de excelencia, en realidad un hospital de lujo, con todo el equipamiento más avanzado que existe y al parecer un personal médico y auxiliar de primera línea.

Yo me hubiera ido en el cómodo automóvil de Lissette, la cual a partir de que se le avisó, estuvo todo el tiempo al lado de los míos en su misión de asumir el comando de las acciones, pero como en las películas, fui trasladado en una ambulancia especializada con personal especializado.

En el CEDIMAT paré en una sala de cuidados intermedios, mucho mejor que en el hospital anterior y entonces el Dr. Pedro Ureña, hombre joven, carismático, dulce, de reconocido prestigio en asunto de corazones y arterias tupidas, me anunció que él y su equipo me harían un cateterismo cardíaco, que es un procedimiento para diagnosticar y de paso resolver lo que está mal, lo que significa insertar un catéter, con cámara incluida, en el sistema vascular para averiguar cómo está el corazón y las arterias.

El cuento lo conozco porque casualmente cuando trabajaba en el libro sobre Nabij Khoury tuve que leer un poco de este tema para luego poder escribirlo, lo único que nunca pensé fue que a mí me pasara lo mismo siendo relativamente joven. Nabij fue intervenido con este procedimiento dos veces en su vida, una de ellas de urgencia mientras terminábamos de revisar el libro, a lo que quizás le debe estar vivo hoy con 77 años y disfrutar de buena salud.

Fin del cuento. De ser un tipo sano, paré en una salón especializado, muy parecido a los clásicos salones de operaciones, para hacerme un cateterismo y averiguar qué había provocado el infarto. El procedimiento detectó que: “el tronco izquierdo es un tronco libre de lesiones obstructivas y se bifurca en descendente anterior y circunfleja. La arteria circunfleja es un sistema no dominante, presenta dos ramas marginales todas libres de lesiones obstructivas y con flujo TIMI III. La arteria descendente anterior por su parte es una arteria de mediano calibre, presenta una lesión de aproximadamente un 95% en su porción proximal, se aprecian dos ramas de mediano calibre. … La coronaria derecha es un sistema dominante, presenta una placa de un 70% en su porción media”

Y obviamente, después de tal averiguación, me dejaron colocado un stent en la arteria que presentaba mayor daño. El stent es un dispositivo tubular que se coloca en el interior de la arteria para mantenerla abierta, luego de su dilatación o desobstrucción, y pospusieron la otra arteria para una próxima ocasión no muy lejana en el tiempo, pues parece que, por el lugar donde se encuentran, no era bueno intervenir las dos arterias en el mismo momento.

Ahora, soy cubano y tengo un stent y dentro de poco tendré otro, para luego quedar como un tipo sano realmente. La Dra. Giselle Ramírez es mi cardióloga en República Dominicana y yo soy su gansa de los huevos de oro. Ya que no pude escoger si me daba el infarto o no, al menos pude escoger a mi cardiólogo. Me dio seguridad como médico cuando hablamos, me transmitió mucha seguridad y me gustó como persona. Su conducta serena, ecuánime, pausada y hasta cierto punto cariñosa, me dio paz.

Entonces después de todo este cuento, dejo las conclusiones para mi familia y amigos, ojalá sin llegar a verse reflejados les sirvan.

  • La idea de que cualquier día es bueno para morirse es mentira. Es una frase que decimos y decimos, cuando estamos muy ofuscados y creemos que no nos va a pasar nada. Baste media vez que uno se ve con la muerte cerca para que comience a pensar “todavía soy muy joven para morirme, por qué me tiene que pasar esto a mí”.
  • Nos pasamos la vida metiéndole y metiéndole al cuerpo, o sea, a la salud, sin la más mínima consideración, confiados en que siempre va a aguantar.
  • A mucho de nosotros no nos interesa cómo estamos. Comemos o no comemos, dormimos o no dormimos, comemos comida poco sana, en grandes cantidades y a deshoras, fumamos salvajemente, ingerimos café por cubos, otros beben alcohol sin límites, pensando que nos mantendremos jóvenes de por vida y que nuestras acciones no tienen consecuencias.
  • A los cubanos pos 1959 que vivimos fuera de nuestro país, nos cuesta mucho trabajo, primero entender y luego adaptarnos a la idea de los seguros médicos, su funcionamiento, su garantía, etc., Unos no podemos acceder a ellos, otros no los priorizamos y preferimos pagar lo que quizás nunca tuvimos, carros, ropas, equipos electrodomésticos, fiestas, etc. Sin embargo después de experiencias como las que tuve, la idea de tener un seguro médico, cosa que yo por suerte tengo, es más importante que todo lo anterior, es casi tan importante como respirar y comer sano, incluso para los que como yo se consideran personas muy sanas.

Hoy soy un tipo más sano, no sabía cómo estaba por dentro, ahora lo sé. No sabía cómo andaba mi colesterol y mis venas, ahora tengo una idea clara, no sólo de cómo estaban, sino, y más importante, de cómo tienen que estar. Siempre hice caso omiso al tema comida, cigarros, café, horas de sueño, ejercicios físicos, etc., ahora he cambiado.

La vida, o mejor la muerte, me dio una oportunidad, entonces se la estoy cogiendo.

domingo, 8 de enero de 2012

¿Y ..., a dónde va el pueblo?

He estado retirado de las teclas desde hace algunas semanas, por razones de “fuerza mayor” como dicen los abogados, algunas de ellas luego las contaré. Ahora no quiero dejar pasar este momento para hablar sobre algo que mi amigo Miguel Ángel, Tío Migue, me ha enviado desde Miami.

No recuerdo haber visto este texto antes, no había nacido cuando se hizo público en un discurso en 1960, y los que me conocen saben que no he sido un estudioso de este tipo de texto. Pero doy por sentado que es cierto, como son ciertos otros tantos, y al leerlo, no se si llorar a “moco tendido” como decimos en Cuba o reír a carcajadas por lo ingenioso del gran fraude.

Para los cubanos que lo lean, es hasta cierto punto fácil identificar al autor, sólo les adelantaré que ha sido el autor de casi todo en estos últimos años. JAJAJAJAJAJA.

Resulta increíble, aunque en realidad es bien creíble teniendo en cuenta la inteligencia gastada para el mal, la manipulación desde el primer momento con esas ideas que pudieran convencer y enamorar y que de hecho convencieron y enamoraron a muchas, muchas personas.

Al leer lo de “Precisamente la tragedia de nuestro pueblo ha sido no tener patria. Y la mejor prueba, la mejor prueba de que no tenemos patria es que decenas de miles y miles de hijos de esta tierra se van de Cuba para otro país para poder vivir, pero no tienen patria. Y no se van todos los que quieren, sino los pocos que pueden” y más que leer, al reconocerme dentro de este grupo pero medio siglo después de pronunciadas estas palabras, no puedo dejar de sentir ganas de ir a Cuba, buscar al autor de estas palabras y ¤Җئث§њюф.

Nadie mejor para entender este fragmento de discurso que aquellas personas que con diferentes explicaciones, pero casi siempre la misma causa, hemos tenido que salir de nuestro país con destino a cualquier lugar del mundo, para probar vida y con ello poder vivir. Poder vivir, ideal aspiración humana, casi imposible de conseguir en Cuba si no te sumas a la política o a la delincuencia, o a ambas cosas. Poco ha cambiado la situación después de que este discurso aparentemente aleccionador se pronunciara. En realidad luego que se dictó, las personas que salieron y no regresaron, las que murieron en suelo extraño, las que no han podido salir aún, las que viven inconformes o no viven, lejos de disminuir han crecido exponencialmente. Y lo más preocupante es que crecerá y crecerá, porque hoy los que quedan allí tampoco tienen patria, basándonos en la definición que da el mismo discurso.

Lo de no instaurar una “monarquía absoluta” y lo de “el día que el pueblo nos ponga mala cara, nada más nos ponga mala cara, nos vamos” podría tomarse como una burla si no fuera por el significado desgarrador que ha tenido para los cubanos durante estos últimos 50 años.

Y entonces recuerdo un chiste que ilustra muy bien las verdaderas intenciones de ese grupo de personas que a golpe de frases conmovedoras no sólo se apoderaron de un gobierno para la eternidad, sino que terminaron apoderándose de una patria entera, dejando a los cubanos sin ella también en este último período. Ni el famoso ilusionista de origen hebreo David Copperfield, capaz de hacer trucos donde desaparece la Estatua de la Libertad y atraviesa la Gran Muralla China, lo hubiera hecho mejor.

Un día el Presidente de Cuba muy enfermo, desde su lecho de muerte todavía daba instrucciones a sus subordinados, los cuales se apuraban en entender porque suponían que su desaparición física era inminente.

Su hermano, asumiendo también que le quedaba muy poco de vida, entró en la habitación, y muy compungido le dijo:

_ “Hermano, el pueblo está concentrado en la calle frente a la casa. El pueblo ha venido a despedirse”.

A lo que el Presidente, casi sin poder hablar, más muerto que vivo, se incorporó y respondió con una de sus “geniales” preguntas:

_ ¿Y …, a dónde va el pueblo?

Les dejo entonces con lo que Tío Migue me envió. Gracias Tío Migue. Ya sabes, lo que no te mata te hace fuerte. Los cubanos que lean podrán muy rápido, por el estilo, adivinar el autor. Sólo es una cuestión de estilo. Y les adelanto, que de seguro sentirán deseos de ¤Җئث§њюф.

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“Es para nosotros un motivo de orgullo tener delante un camión lleno de periodistas cubanos y extranjeros. Bien merecen los periodistas la oportunidad de trabajar, el periodista trabaja para el pueblo, el periodista informa al pueblo. El pueblo sólo necesita que le informen los hechos, las conclusiones las saca él. Por algo las dictaduras no quieren libertad de prensa.

Sabe todo el mundo que mientras quede un revolucionario en pie habrá libertad de prensa en Cuba. Quien dice libertad de prensa, dice libertad de reunión, dice libertad de elegir sus propios gobernantes libremente.

Cuando un gobernante actúa honradamente, cuando un gobernante está inspirado en buenas intenciones, no tiene por qué temer a ninguna libertad. Yo estoy seguro que los cubanos no se conforman simplemente con ser libres en su patria. Yo estoy seguro que los cubanos quieren además disfrutar de su patria. ¿Cómo vamos a decir: esta es nuestra patria, si de la patria no tenemos nada? Mi patria, pero mi patria no me da nada, en mi patria me muero de hambre. ¡Eso no es patria! Será patria para unos cuantos, pero no será patria para el pueblo. Precisamente la tragedia de nuestro pueblo ha sido no tener patria. Y la mejor prueba, la mejor prueba de que no tenemos patria es que decenas de miles y miles de hijos de esta tierra se van de Cuba para otro país para poder vivir, pero no tienen patria. Y no se van todos los que quieren, sino los pocos que pueden. Y eso es verdad y ustedes lo saben. Hay que arreglar la república. Aquí algo anda mal. Nosotros le pediremos la ayuda al pueblo. Libertades no sacrificaremos. ¿Suspender el derecho de huelga? ¡No! ¿Suspender la libertad de prensa? ¡No! ¿Suspender la libertad de reunión? ¡No! ¿Suspender la libertad de manifestación? ¡No! Y desde luego, esta historia de revolucionarios que, a pesar de haber hecho cosas buenas en su vida, hacen después grandes barbaridades al final de su vida, no es nueva.

Y las cosas que los hombres cuando degeneran son capaces de hacer las hemos visto dolorosamente en días pasados. Y son en parte consecuencias de haber confundido el marxismo leninismo con el fascismo, con el absolutismo; son las consecuencias de haber introducido en las revoluciones socialistas contemporáneas el estilo de las monarquías absolutas.

Esta revolución es afortunadamente una revolución de hombres jóvenes. Y hacemos votos porque sea siempre una revolución de hombres jóvenes; hacemos votos para que todos los revolucionarios, en la medida que nos vayamos poniendo biológicamente viejos, seamos capaces de comprender que nos estamos volviendo biológica y lamentablemente viejos; hacemos votos para que jamás esos métodos de monarquías absolutas se implanten en nuestro país. Nosotros jamás necesitaremos de la fuerza, porque tenemos el pueblo, y además porque el día que el pueblo nos ponga mala cara, nada más nos ponga mala cara, nos vamos. Personalmente puedo añadirles que el poder no me interesa, ni pienso ocuparlo, velaré solo porque no se frustre el sacrificio de tantos compatriotas, sea cual fuere mi destino posterior. Espero que estas honradas razones que con todo respeto a su dignidad les expongo las comprendan. Tengan la seguridad de que no están tratando con un ambicioso ni con un insolente''.