jueves, 16 de febrero de 2012

¿Masajista Cristiana?????

En realidad es poco lo que se pueda decir de los anuncios que aparecen en las vallas, los autos, las entradas de negocios y como si fuera poco en los periódicos de República Dominicana..
Es fatal porque muchos denuncian un desconocimiento o un gran desinterés por lo que se publica y la forma en que se hace. Fatal porque las personas que leen, a veces pasan trabajo para entender o peor, pueden leer y repetir y repetir el error sin distinguir la magnitud del mismo, creándose una cultura sobre lo mal hecho o lo mal dicho, de tal forma que llega a convertirse en la manera en que un gran grupo de personas se expresan despreocupadamente.
Muchos de estos anuncios poco entendibles incluso para hispanoparlantes, causan primero risas, luego en una segunda lectura, uno descubre que no sólo está mal el que lo inventa, sino todos aquellos que debiendo orientar, no lo hacen y se conforman con diseñar y publicar, obviamente ganando dinero. Algo así como mientras me paguen, me da lo mismo.
Hoy acabo de escuchar uno de esos anuncios, el cual me costó trabajo entender cuando me lo leyeron. En el  suplemento Plaza Libre, espacio dedicado a los anuncios de todos tipos que trae diariamente el periódico Diario Libre, hoy, jueves 16 de febrero del 2012,  aparece un anuncio que dice textualmente:
"Manicurista, peluquera, masajista cristiana p/rolo, lave cabeza, ..." 
¿Masajista cristiana?
¿Masajista para rolo?
En mi vida había visto algo igual.  
Para poner rolos en las cabezas de las mujeres lo que se debía necesitar es una peluquera o alguien que supiera de peinados. Qué lógica puede tener buscar a una masajista especialista en dar masajes, para poner rolos. 
En realidad no entiendo qué puede querer decir y qué tiene o puede tener que ver determinada creencia religiosa con el trabajo en un salón de belleza. Entonces he averiguado y me han comentado que mi interrogante puede tener otra explicación más pragmática y entendible para los dominicanos. Existen otros salones, que bajo la cobertura de estética y belleza, ofrecen servicios disimulados para hombres solos en busca de ... y a las personas que ofrecen esos servicios se les llaman aquí masajistas,  denominación que entiendo perfectamente y entonces lo que se anuncia en los periódicos son "locales para masajes". Parece que al menos por pudor e imagino algunas restricciones, está limitado poner en las secciones de clasificados anuncios sobre prostitutas y prostíbulos. 
Después de entender esto, pues cada pueblo tienen sus propias características y lo que está claro es que los dominicanos se la buscan, es hasta cierto punto cómico, porque, ¿cómo se prueba que soy cristiano? Es más fácil poder comprobar el color de la piel,  la tenencia de dientes o la posesión de una dentadura postiza, la tenencia de cabellos en la cabeza o la calvicie, la capacidad de cantar, incluso la de ver bien, pero, cómo se puede comprobar que se es cristiano. 
Sería imposible aunque en las iglesias, templos y mezquitas se entregaran una identificación, pues en República Dominicana se puede falsificar todo, las cédulas de identidad, los pasaportes, etc., así que una identificación católica, cristiana, o musulmana, se pudieran vender  y comprar en los supermercados.
No se qué pensaran los cristianos de este anuncio, le preguntaré mañana a mi amigo Furcal, dominicano y cristiano. A lo mejor los pone orgullosos porque los utilizan para identificar el bien. 
Ahora la que está complicada es la masajista en cuestión, no sólo tendrá que demostrar que es buena en el oficio de peluquera, sino que para ganarse el trabajo tendrá que argumentar sobre su filiación religiosa. 
De paso, podrían exigirle además que en la medida que ponga los rolos, ore junto al cliente o que le lea pasajes de la Biblia, así podrían entregar esto como un valor agregado al servicio que ofrecen.

martes, 17 de enero de 2012

Mi infarto.

¡Y al fin me dio un infarto!

Esto pudiera parecer una frase dantesca o una gran locura, pero es bien real.

Durante muchos años en mi ya casi larga vida, lo que se fue incrementando en estos últimos años, he escuchado de muchas de las personas que me rodean frases tales como:

_ “No fumes tanto, te dará un infarto”.

_ “No comas tanta grasa, mantequilla, mayonesa, etc. te dará un infarto”.

_ “No puedes engordar, te dará un infarto”.

_ “Trata de no coger tanta lucha y no discutas tanto, te dará un infarto”.

Y en efecto, como si fueran sabios en sus pronósticos, el domingo 11 de diciembre de 2011, recibí mi primer infarto.

Como la experiencia de pasar un infarto y poder contarlo es bastante exclusiva, aquí dejo la historia.

Amanecí el domingo 11 de diciembre de 2011 a las 5:30 am con un dolor en la parte izquierda de la espalda alta que se irradiaba por debajo de la axila hacia la parte delantera e izquierda del pecho. No se exactamente si me despertó el dolor o luego de estar despierto sentí que me dolía. El dolor era poco común, nunca antes lo había sentido, pero como soy zurdo, juego cancha y racquetball y hago muchas cosas con esa mano, lo achaqué a un dolor muscular. Me pasó por la mente lo del corazón, pero al ser un tipo sano, yo mismo me pronostiqué que no podía ser tal cosa.

Martica, que duerme desde hace muchos años a mi lado, se despertó y al verme sentado en la cama, cosa poco común teniendo en cuenta la hora, se preocupó un poco, pero mi seguridad del dolor muscular, recuerden que soy un tipo sano, la convenció y me suministró un ibuprofeno y me untó un poco de mentol en la espalda.

El dolor que primero fue intenso y más que dolor era una ardentía, fue desapareciendo hasta que me quedé dormido sin problemas. Volví a amanecer a las 10:00 am, lo que provocó que no fuera jugar racquetball, por suerte. Los religiosos me castigarían diciéndome, Dios sabe lo que hace.

Pasé todo el día bien, sin que nada me molestara. Fregué y me dediqué a conversar con los amigos con los que había almorzado y estando sentado muy tranquilo, para nada incómodo, de pronto me volvió el mismo dolor en la misma zona. Primero poquito y luego se hizo más fuerte. Para nada se me alteró el pulso, pues me lo tomé varias veces, no tuve dolor en ninguna otra parte del cuerpo, no me faltó la respiración, no sentí ganas de vomitar, o sea, sólo el mismo “dolor muscular” del amanecer.

Mi posición fue la misma, soy un tipo sano, pero mis amigos empezaron a insistir con que fuera al hospital, cosa que agradeceré eternamente, y frente a tanta insistencia, cedí.

Salimos en busca de un hospital que conozco, pero un tranque del tráfico o tapón como dicen los dominicanos, hizo que sugiriera que fuéramos a otro que estaba más cerca de mi casa, el Centro Médico Dominicano, al final hospital por hospital era lo mismo. Me bajé y caminé hasta emergencia, para nosotros cuerpo de guardia y le expliqué a la doctora que me atendió lo sucedido.

Ella me tomó la presión una vez y luego otra vez y me preguntó si había venido caminando, mi respuesta fue no, sólo del parqueo hasta aquí. Me dijo que tenía la presión alta, por lo que reflejaba su cara mi presión estaba muy alta, pero yo no sentía ninguna anomalía.

Luego un electro. Ya saben, curvas y curvas, y aunque uno no entiende nada, siempre trata de mirar como si pudiéramos adivinar lo que dice. Sería mejor que ni nos molestáramos en mirar, pero de todas formas miramos y lo que es más, intentamos traducir en medio de muchas curvas lo que tiene nuestro corazón.

Ya saben, cuerpo de guardia típico, doctores y doctoras que van y vienen, personas que entran y salen, impresión de que a nadie le importa que estés acostado en una camilla.

De pronto una enfermera me suministró una pastilla y me dijo “póngasela debajo de la lengua” y al ratico mi dolor en la espalda desapareció nuevamente, pero desapareció de tal forma que en un momento le dije a Martica que por qué no nos marchábamos, que ya no tenía ningún dolor.

La cara de Martica no era de muchos amigos. Mis amigos que me habían acompañado comenzaron a entrar al lugar donde permanecía acostado. Llegó mi hijo Jonathan, al que habían ido a buscar a casa de su novia y su cara era una mezcla de preocupación, susto y compasión. Todas las caras se habían deteriorando poco a poco. Lo cierto es que ya ellos sabían lo que me pasaba y aún yo insistía con lo del dolor muscular y con irme a mi casa. Soy un tipo sano.

Otro electro. Más curvas y curvas y más interés mío por descubrir qué estaba pasando. En realidad me llamaba la atención lo de los electros, pero como no sentía nada extraño, …

Una doctora entró y me preguntó si alguna vez me había dado un infarto. Respondí que no y ella con el electro en la mano le comentó a Martica que me había dado un infarto de libro.

¿Infarto de libro? Dije yo, sin salir de mi asombró, pues seguía sin sentir nada de anormal. Es cierto que me había dolido la espalda pero ya ni eso me molestaba.

Luego me preguntaron quién era mi cardiólogo. ¿Cardiólogo? Soy cubano y estoy en República Dominicana, por favor. No tengo cardiólogo.

Con los infartos pasa lo mismo que con los partos. Las mujeres siempre cuentan sus partos haciendo énfasis en el dolor, la sangre, los gritos, los niños que no salen, el médico que empuja con los codos, etc., tanto que a veces uno se pregunta cómo es que las mujeres vuelven y vuelven a parir. Es cierto que son dolorosos y que a veces se pasa mucho trabajo, pero en dependencia de la mujer que hace el cuento, es como si estuvieran narrando una película de terror que ha ganado un Oscar.

Como los seres humanos vivimos a partir de imágenes, los infartos siempre vienen con un dolor en el pecho que se irradia hacia el brazo izquierdo, la persona se pone la mano en el pecho, deja de respirar y se pone cianótica, quizás comienza a vomitar, medio se tambalea y se cae, muerto o vivo, pero siempre se cae. En dependencia de la película, la caída es más o menos estrepitosa, a veces llevándose con ella a otra persona, o a varios objetos que se encuentran en el camino hacia el suelo.

Pues estamos todos equivocados, esa imagen, la de los sufridos partos y la de las películas de terror son las más conocidas nada más, pero hay otras muchas formas.

Yo sufrí un infarto y lo que sentí fue un dolor en la espalda, sobre el omóplato izquierdo, tal como un aire de esos que se insertan en el cuerpo. Vino, me dolió un poquito, pero para nada un dolor insoportable y se me quitó.

Dos horas después apareció el cardiólogo de guardia, yo aún estaba vivo y me explicó que había tenido un infarto agudo al miocardio. Agudo significa súbito, mío quiere decir músculo y cardio corazón. O sea, un insuficiente riego sanguíneo en una parte del corazón, producido por una obstrucción en una de las arterias coronarias, esto provoca un insuficiente suministro de oxígeno, alguna de las partes del corazón cambian su funcionamiento habitual y de ahí el dolor.

Lo que vino después ya lo imaginan. Oxígeno, cama en terapia intensiva, análisis de sangre, sueros, inyecciones, pastillas, comidas de hospital sobre todo muy poquita, etc. La pasé bien en terapia, como no tenía nada que me molestara y no me sentía mal, me dediqué a observar el movimiento de los médicos y los pacientes que allí estaban, que por cierto al ser terapia intensiva estaban mucho más malitos que yo. El tiempo pasaba y yo me aburría, mandé a pedir un libro, lo que provocó que los médicos entraran y al verme leyendo, sus caras eran de esa de ¿??????? ¿Y …, el infarto?

El cardiólogo, al cual vi en dos ocasiones nada mas, mientras pasaba a preguntarme cómo me sentía, me comentó que era probable que me tuvieran que hacer un cateterismo para ver el tema de mis arterias, pero él tenía la intención de que siguiera siendo su paciente, o sea, ir al cateterismo y regresar a ese hospital. Para ese entonces yo no sabía que mi familia y Lissette, mi buena amiga dominicana, que se encontraba al pie del cañón como buena conocedora comandando las acciones, ya habían tenido sus encuentros con el cardiólogo, pues al plantearle que me querían cambiar de hospital, en busca de algo más especializado, éste se había opuesto, argumentando que allí yo estaba bien atendido. Ya saben, un paciente con un padecimiento del corazón, es en República Dominicana una gansa de huevos de oro.

Luego de dos días y muchos trámites burocráticos entre hospitales y seguro médico, me lograron trasladar al Centro de Diagnóstico y Medicina Avanzada y de Conferencias Médicas y Telemedicina, (CEDIMAT), centro médico de excelencia, en realidad un hospital de lujo, con todo el equipamiento más avanzado que existe y al parecer un personal médico y auxiliar de primera línea.

Yo me hubiera ido en el cómodo automóvil de Lissette, la cual a partir de que se le avisó, estuvo todo el tiempo al lado de los míos en su misión de asumir el comando de las acciones, pero como en las películas, fui trasladado en una ambulancia especializada con personal especializado.

En el CEDIMAT paré en una sala de cuidados intermedios, mucho mejor que en el hospital anterior y entonces el Dr. Pedro Ureña, hombre joven, carismático, dulce, de reconocido prestigio en asunto de corazones y arterias tupidas, me anunció que él y su equipo me harían un cateterismo cardíaco, que es un procedimiento para diagnosticar y de paso resolver lo que está mal, lo que significa insertar un catéter, con cámara incluida, en el sistema vascular para averiguar cómo está el corazón y las arterias.

El cuento lo conozco porque casualmente cuando trabajaba en el libro sobre Nabij Khoury tuve que leer un poco de este tema para luego poder escribirlo, lo único que nunca pensé fue que a mí me pasara lo mismo siendo relativamente joven. Nabij fue intervenido con este procedimiento dos veces en su vida, una de ellas de urgencia mientras terminábamos de revisar el libro, a lo que quizás le debe estar vivo hoy con 77 años y disfrutar de buena salud.

Fin del cuento. De ser un tipo sano, paré en una salón especializado, muy parecido a los clásicos salones de operaciones, para hacerme un cateterismo y averiguar qué había provocado el infarto. El procedimiento detectó que: “el tronco izquierdo es un tronco libre de lesiones obstructivas y se bifurca en descendente anterior y circunfleja. La arteria circunfleja es un sistema no dominante, presenta dos ramas marginales todas libres de lesiones obstructivas y con flujo TIMI III. La arteria descendente anterior por su parte es una arteria de mediano calibre, presenta una lesión de aproximadamente un 95% en su porción proximal, se aprecian dos ramas de mediano calibre. … La coronaria derecha es un sistema dominante, presenta una placa de un 70% en su porción media”

Y obviamente, después de tal averiguación, me dejaron colocado un stent en la arteria que presentaba mayor daño. El stent es un dispositivo tubular que se coloca en el interior de la arteria para mantenerla abierta, luego de su dilatación o desobstrucción, y pospusieron la otra arteria para una próxima ocasión no muy lejana en el tiempo, pues parece que, por el lugar donde se encuentran, no era bueno intervenir las dos arterias en el mismo momento.

Ahora, soy cubano y tengo un stent y dentro de poco tendré otro, para luego quedar como un tipo sano realmente. La Dra. Giselle Ramírez es mi cardióloga en República Dominicana y yo soy su gansa de los huevos de oro. Ya que no pude escoger si me daba el infarto o no, al menos pude escoger a mi cardiólogo. Me dio seguridad como médico cuando hablamos, me transmitió mucha seguridad y me gustó como persona. Su conducta serena, ecuánime, pausada y hasta cierto punto cariñosa, me dio paz.

Entonces después de todo este cuento, dejo las conclusiones para mi familia y amigos, ojalá sin llegar a verse reflejados les sirvan.

  • La idea de que cualquier día es bueno para morirse es mentira. Es una frase que decimos y decimos, cuando estamos muy ofuscados y creemos que no nos va a pasar nada. Baste media vez que uno se ve con la muerte cerca para que comience a pensar “todavía soy muy joven para morirme, por qué me tiene que pasar esto a mí”.
  • Nos pasamos la vida metiéndole y metiéndole al cuerpo, o sea, a la salud, sin la más mínima consideración, confiados en que siempre va a aguantar.
  • A mucho de nosotros no nos interesa cómo estamos. Comemos o no comemos, dormimos o no dormimos, comemos comida poco sana, en grandes cantidades y a deshoras, fumamos salvajemente, ingerimos café por cubos, otros beben alcohol sin límites, pensando que nos mantendremos jóvenes de por vida y que nuestras acciones no tienen consecuencias.
  • A los cubanos pos 1959 que vivimos fuera de nuestro país, nos cuesta mucho trabajo, primero entender y luego adaptarnos a la idea de los seguros médicos, su funcionamiento, su garantía, etc., Unos no podemos acceder a ellos, otros no los priorizamos y preferimos pagar lo que quizás nunca tuvimos, carros, ropas, equipos electrodomésticos, fiestas, etc. Sin embargo después de experiencias como las que tuve, la idea de tener un seguro médico, cosa que yo por suerte tengo, es más importante que todo lo anterior, es casi tan importante como respirar y comer sano, incluso para los que como yo se consideran personas muy sanas.

Hoy soy un tipo más sano, no sabía cómo estaba por dentro, ahora lo sé. No sabía cómo andaba mi colesterol y mis venas, ahora tengo una idea clara, no sólo de cómo estaban, sino, y más importante, de cómo tienen que estar. Siempre hice caso omiso al tema comida, cigarros, café, horas de sueño, ejercicios físicos, etc., ahora he cambiado.

La vida, o mejor la muerte, me dio una oportunidad, entonces se la estoy cogiendo.

domingo, 8 de enero de 2012

¿Y ..., a dónde va el pueblo?

He estado retirado de las teclas desde hace algunas semanas, por razones de “fuerza mayor” como dicen los abogados, algunas de ellas luego las contaré. Ahora no quiero dejar pasar este momento para hablar sobre algo que mi amigo Miguel Ángel, Tío Migue, me ha enviado desde Miami.

No recuerdo haber visto este texto antes, no había nacido cuando se hizo público en un discurso en 1960, y los que me conocen saben que no he sido un estudioso de este tipo de texto. Pero doy por sentado que es cierto, como son ciertos otros tantos, y al leerlo, no se si llorar a “moco tendido” como decimos en Cuba o reír a carcajadas por lo ingenioso del gran fraude.

Para los cubanos que lo lean, es hasta cierto punto fácil identificar al autor, sólo les adelantaré que ha sido el autor de casi todo en estos últimos años. JAJAJAJAJAJA.

Resulta increíble, aunque en realidad es bien creíble teniendo en cuenta la inteligencia gastada para el mal, la manipulación desde el primer momento con esas ideas que pudieran convencer y enamorar y que de hecho convencieron y enamoraron a muchas, muchas personas.

Al leer lo de “Precisamente la tragedia de nuestro pueblo ha sido no tener patria. Y la mejor prueba, la mejor prueba de que no tenemos patria es que decenas de miles y miles de hijos de esta tierra se van de Cuba para otro país para poder vivir, pero no tienen patria. Y no se van todos los que quieren, sino los pocos que pueden” y más que leer, al reconocerme dentro de este grupo pero medio siglo después de pronunciadas estas palabras, no puedo dejar de sentir ganas de ir a Cuba, buscar al autor de estas palabras y ¤Җئث§њюф.

Nadie mejor para entender este fragmento de discurso que aquellas personas que con diferentes explicaciones, pero casi siempre la misma causa, hemos tenido que salir de nuestro país con destino a cualquier lugar del mundo, para probar vida y con ello poder vivir. Poder vivir, ideal aspiración humana, casi imposible de conseguir en Cuba si no te sumas a la política o a la delincuencia, o a ambas cosas. Poco ha cambiado la situación después de que este discurso aparentemente aleccionador se pronunciara. En realidad luego que se dictó, las personas que salieron y no regresaron, las que murieron en suelo extraño, las que no han podido salir aún, las que viven inconformes o no viven, lejos de disminuir han crecido exponencialmente. Y lo más preocupante es que crecerá y crecerá, porque hoy los que quedan allí tampoco tienen patria, basándonos en la definición que da el mismo discurso.

Lo de no instaurar una “monarquía absoluta” y lo de “el día que el pueblo nos ponga mala cara, nada más nos ponga mala cara, nos vamos” podría tomarse como una burla si no fuera por el significado desgarrador que ha tenido para los cubanos durante estos últimos 50 años.

Y entonces recuerdo un chiste que ilustra muy bien las verdaderas intenciones de ese grupo de personas que a golpe de frases conmovedoras no sólo se apoderaron de un gobierno para la eternidad, sino que terminaron apoderándose de una patria entera, dejando a los cubanos sin ella también en este último período. Ni el famoso ilusionista de origen hebreo David Copperfield, capaz de hacer trucos donde desaparece la Estatua de la Libertad y atraviesa la Gran Muralla China, lo hubiera hecho mejor.

Un día el Presidente de Cuba muy enfermo, desde su lecho de muerte todavía daba instrucciones a sus subordinados, los cuales se apuraban en entender porque suponían que su desaparición física era inminente.

Su hermano, asumiendo también que le quedaba muy poco de vida, entró en la habitación, y muy compungido le dijo:

_ “Hermano, el pueblo está concentrado en la calle frente a la casa. El pueblo ha venido a despedirse”.

A lo que el Presidente, casi sin poder hablar, más muerto que vivo, se incorporó y respondió con una de sus “geniales” preguntas:

_ ¿Y …, a dónde va el pueblo?

Les dejo entonces con lo que Tío Migue me envió. Gracias Tío Migue. Ya sabes, lo que no te mata te hace fuerte. Los cubanos que lean podrán muy rápido, por el estilo, adivinar el autor. Sólo es una cuestión de estilo. Y les adelanto, que de seguro sentirán deseos de ¤Җئث§њюф.

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“Es para nosotros un motivo de orgullo tener delante un camión lleno de periodistas cubanos y extranjeros. Bien merecen los periodistas la oportunidad de trabajar, el periodista trabaja para el pueblo, el periodista informa al pueblo. El pueblo sólo necesita que le informen los hechos, las conclusiones las saca él. Por algo las dictaduras no quieren libertad de prensa.

Sabe todo el mundo que mientras quede un revolucionario en pie habrá libertad de prensa en Cuba. Quien dice libertad de prensa, dice libertad de reunión, dice libertad de elegir sus propios gobernantes libremente.

Cuando un gobernante actúa honradamente, cuando un gobernante está inspirado en buenas intenciones, no tiene por qué temer a ninguna libertad. Yo estoy seguro que los cubanos no se conforman simplemente con ser libres en su patria. Yo estoy seguro que los cubanos quieren además disfrutar de su patria. ¿Cómo vamos a decir: esta es nuestra patria, si de la patria no tenemos nada? Mi patria, pero mi patria no me da nada, en mi patria me muero de hambre. ¡Eso no es patria! Será patria para unos cuantos, pero no será patria para el pueblo. Precisamente la tragedia de nuestro pueblo ha sido no tener patria. Y la mejor prueba, la mejor prueba de que no tenemos patria es que decenas de miles y miles de hijos de esta tierra se van de Cuba para otro país para poder vivir, pero no tienen patria. Y no se van todos los que quieren, sino los pocos que pueden. Y eso es verdad y ustedes lo saben. Hay que arreglar la república. Aquí algo anda mal. Nosotros le pediremos la ayuda al pueblo. Libertades no sacrificaremos. ¿Suspender el derecho de huelga? ¡No! ¿Suspender la libertad de prensa? ¡No! ¿Suspender la libertad de reunión? ¡No! ¿Suspender la libertad de manifestación? ¡No! Y desde luego, esta historia de revolucionarios que, a pesar de haber hecho cosas buenas en su vida, hacen después grandes barbaridades al final de su vida, no es nueva.

Y las cosas que los hombres cuando degeneran son capaces de hacer las hemos visto dolorosamente en días pasados. Y son en parte consecuencias de haber confundido el marxismo leninismo con el fascismo, con el absolutismo; son las consecuencias de haber introducido en las revoluciones socialistas contemporáneas el estilo de las monarquías absolutas.

Esta revolución es afortunadamente una revolución de hombres jóvenes. Y hacemos votos porque sea siempre una revolución de hombres jóvenes; hacemos votos para que todos los revolucionarios, en la medida que nos vayamos poniendo biológicamente viejos, seamos capaces de comprender que nos estamos volviendo biológica y lamentablemente viejos; hacemos votos para que jamás esos métodos de monarquías absolutas se implanten en nuestro país. Nosotros jamás necesitaremos de la fuerza, porque tenemos el pueblo, y además porque el día que el pueblo nos ponga mala cara, nada más nos ponga mala cara, nos vamos. Personalmente puedo añadirles que el poder no me interesa, ni pienso ocuparlo, velaré solo porque no se frustre el sacrificio de tantos compatriotas, sea cual fuere mi destino posterior. Espero que estas honradas razones que con todo respeto a su dignidad les expongo las comprendan. Tengan la seguridad de que no están tratando con un ambicioso ni con un insolente''.


lunes, 5 de diciembre de 2011

Los Cuatro Acuerdos. Un libro de la sabiduría tolteca

Este artículo que a continuación publico lo tengo escrito desde hace varias semanas, pero por falta de tiempo para esto, no lo había puesto en el blog. Hace todavía escasas horas, con mucho pesar, he recibido la noticia de que un lector de mi blog “Dominicaneando”, quizás uno de los más entusiasta y apasionado, se acaba de suicidar de la cabeza. Lamentable forma de auto matarse para desaparecer, lamentable porque de nada sirve un corazón sano y fuerte biológicamente sin un cerebro que dirija sus acciones. Conozco además que antes de suicidarse de la cabeza, escribió un testamento a todos los amigos cercanos y lejanos, conocidos e incluso desconocidos que están en todos los confines del mundo, uniendo las direcciones de correo que poseen varias personas, lo que denota que ya no se encontraba bien. Su estado mental era en ese momento muy precario.

Esto, como consecuencia, ha generado una enorme cantidad de llamadas y correos electrónicos a mi mujer y a mí, que al creernos afectados, han venido con muchas frases de aliento, sabiduría, consejos, esperanza y sobre todo muchísimo reconocimiento. Paralelamente muchos mensajes se han escrito a ese lector, criticando negativamente y cuestionando el contenido y la forma escogida para suicidarse de la cabeza. Pobre corazón sano y fuerte biológicamente, ahora ya no tiene un cerebro que coordine sus acciones y además se ha quedado solo en la vida.

Entonces he buscado una frase que sirva como epitafio para colocarla como recuerdo eterno en la lápida que cierra este capítulo definitivamente del suicidio de la cabeza de mi lector antes mencionado y aunque no soy para nada religioso, he encontrado una conocida que me parece buena para esta ocasión.

“Perdónalo Padre. Él no sabía lo que hacía”.

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Trabajando un día en casa de mí amiga Lissette, descubrí sobre la mesa de centro de la sala, junto a otros libros, un libro aparentemente dejado allí al descuido, lo que le daba cierto aire de buena decoración al lugar. Como soy amante de los libros, no pude dejar de cogerlo en mis manos y tratar de enterarme de qué trataba.

Por el título y resumen que leí, “Los cuatro acuerdos. Un libro de la sabiduría tolteca” y el autor, el mexicano Miguel Ángel Ruiz, muy rápido lo devolví a su lugar. Sin saber exactamente sobre el contenido, definí que para nada me interesaba el tema y entonces dediqué un pensamiento a mi hermana Normita que vive en México. Todo lo que huela a mexicano me lleva a ella constantemente.

Días después Lissette insistió en que lo leyera y frente a su insistencia y como siempre buena descripción del contenido, me embulle a pasarle la vista. Que equivocado estuve con mi primera impresión.

Al comenzar a leer descubrí un tema que me apasionó del todo e hizo que me devorara las páginas y no sólo eso, sino que me sirviera para reflexionar seriamente sobre la vida mía y la de los cercanos que me rodean, cosa que hago con bastante frecuencia. Termine dedicando otro pensamiento a Normita, quizás como petición de perdón por haber desestimado el asunto por solo venir de donde venía. Ella me conoce bien, sabrá que es cierto lo que digo.

Lo apasionante que resulta lo que he leído, lo importante para cualquier ser humano que esté vivo, aclaro esto porque hay muchas personas que por su forma de vida están muertos aunque aún respiran y sólo esperan pacientemente a que les expidan el certificado de defunción, y lo que me reafirma alguna de las ideas que tengo desde muy joven, hoy me siento a escribir sobre lo que aprendí, tratando de compartirlo con otras personas, más allá de mi compañera de trabajo.

Los Toltecas son reconocidos en todo el sur de México como hombres y mujeres de conocimiento. Fueron científicos y artistas que formaron una sociedad para estudiar y conservar el conocimiento espiritual y las prácticas de sus antepasados. El autor del libro, no es un mexicano cualquiera, sino que, Miguel Ángel Ruiz, es doctor, chamán y maestro. Fue médico cirujano hasta que tuvo una experiencia cercana a la muerte que lo llevó a buscar respuestas en las tradiciones ancestrales de los toltecas, dentro de los cuales su madre fue una curandera y su abuelo un nahual o chaman.

En resumen, en este libro, que es de hecho su obra más influyente, el Doctor Ruiz, trata de llevar a la libertad personal de los acuerdos y creencias que hacemos con nosotros mismos y con los demás que crean limitaciones e infelicidad en nuestras vidas. Finalmente, trata de encontrar la propia integridad, amor propio y la paz dentro de esta realidad. De ahí su elección y propuesta, reconociendo en la cultura de sus antepasados lo que define como los cuatro acuerdos toltecas.

Convencido de que al conocer sobre estas ideas, muchas personas se verán reflejadas y al menos entenderán lo que les ha pasado y muchas otras después de leer comenzaran a realizar cambios en sus vidas, dejaré en este escrito un pequeño resumen de su gran contenido, ojala provoque la necesidad de profundizar más en ellos.

Nacemos con la capacidad de soñar y los seres humanos que nos preceden nos enseñan a soñar de la forma en que lo hace la sociedad. Utilizando nuestra atención, que es la capacidad que tenemos de discernir y centrarnos en aquello que queremos percibir, aprendimos una realidad completa; aprendimos cómo comportarnos en sociedad, qué creer y qué no creer, qué es aceptable y qué no lo es, qué es bueno y qué es malo; qué es bello y qué es feo, qué es correcto y qué es incorrecto.

De niños no tenemos la posibilidad de escoger nada, por lo que terminamos de acuerdo con toda la información que otros seres humanos nos transmitieron. Lo que lleva a que almacenemos esa información, estemos de acuerdo y entonces terminamos creyendo. A este proceso se le llama proceso de domesticación de los seres humanos.

En el proceso de domesticación perdemos todas nuestras tendencias naturales. La domesticación es tan poderosa que en un momento de nuestras vidas, ya no necesitamos a nadie o nada externo que nos domestique. Estamos tan bien entrenados que somos nuestros propios domadores.

Para pensar y tratar de solucionar muchos de estos aspectos, los toltecas tienen elaborado desde hace muchos siglos, cuatro aspectos fundamentales para la vida, a lo que llaman “acuerdos”

Primer Acuerdo. Se impecable con tus palabras.

Ser impecable es no ir en contra de uno mismo. Cuando se es impecable, se asume la responsabilidad de los actos, pero sin juzgarse ni culparse. Ser impecable con las palabras significa utilizar la energía correctamente en la dirección de la verdad y el amor por uno mismo. Al ser impecable con las palabras será suficiente para que la verdad se manifieste a través de uno mismo.

Esto es difícil de lograr porque hemos aprendido a hacer de la mentira un hábito para comunicarnos con los demás y peor, para comunicarnos con nosotros mismos. Llegamos a reprimir nuestras emociones e ideas para lograr la aceptación y el amor de los demás. Nos deshonramos a nosotros mismos para complacer a otras personas. Intentamos ocultar lo que somos y fingimos ser lo que no somos para ser aceptados. Lo que resulta en una falta de autenticidad y una necesidad de usar máscaras sociales para evitar que otros nos descubran. Tenemos miedo de que otros descubran que no somos lo que pretendemos o aparentamos ser.

Segundo Acuerdo. No te tomes nada personalmente

No tomarse nada personalmente significa no estar de acuerdo con cualquier cosa que se diga. Al estar de acuerdo el veneno de las palabras o el chisme te atrapa.

Cuando uno se toma las cosas personalmente, se siente ofendido o reacciona defendiendo sus creencias y creando conflictos. Se trata de tener la razón y de demostrar que los demás están equivocados.

Las personas tienen su propio sistema de creencias lo que crea sus propias opiniones, por lo que lo que piensan está relacionado con ellas mismas y no contigo. Cuando lo que se nos dice nos duele, no es lo que nos han dicho lo que crea el dolor, es que lo dicho roza las heridas que podemos tener.

Muchas veces nos sabemos lo que queremos, cómo lo queremos y cuándo lo queremos porque una parte de la mente quiere una cosa y la otra parte quiere exactamente lo contrario. Una parte pone objeciones a determinados pensamientos y actos y la otra los apoya. Lo que significa que vivimos en un infierno.

No tomarse nada personalmente significa no depositar tu confianza en lo que otros hagan o digan. Basta con confiar en si mismo para elegir con responsabilidad. Nunca se es responsable de los actos de los demás.

Tercer Acuerdo. No hagas suposiciones.

Tendemos a suponer y al hacerlo creemos que lo que suponemos es cierto, que es real. Al hacernos suposiciones, nos estamos tomando el tema personalmente y entonces obramos mal.

Siempre es mejor preguntar que hacer una suposición. Es mejor preguntar. Aclarar significa evitar sufrir. No preguntamos porque tenemos miedo a pedir una aclaración. Suponemos y defendemos a capa y espada nuestro supuesto, intentando demostrar que el otro no tiene la razón.

El gran conflicto de la mente humana es que sólo vemos lo que queremos ver y oímos lo que queremos oír. Soñamos sin basarnos en la realidad, inventamos las cosas en nuestra imaginación.

Los seres humanos necesitamos justificarlo, explicarlo y comprenderlo todo para sentirnos seguros. Esta es la razón por la que en muchos casos hacemos suposiciones. Suponemos que todo el mundo debe o tiene que ver la vida del mismo modo que nosotros. Suponemos que los demás piensan, sienten, juzgan y maltratan como nosotros lo hacemos. Es la razón ésta por la cual nos da miedo ser nosotros mismos ante los demás.

Hacemos suposiciones sobre nosotros mismos, sobrestimándonos o subestimándonos porque nos da miedo preguntarnos sobre determinado aspecto o actuación. Por hacernos suposiciones llegamos a pensar que podemos con buenos actos, amor y cariño, llegar a cambiar a la otra persona. Esto no es cierto. Las personas cambian porque quieren cambiar, no porque la actuación externa los haga u obligue al cambio. El amor verdadero es aceptar sin intentar cambiar a la otra persona. Si intentamos cambiarlo es porque no nos gusta. La idea de vivir con alguien es escoger a una persona que sea exactamente igual a lo que uno quiere. Hay que encontrar a alguien al que no haya que cambiarle nada.

Cuarto Acuerdo. Haz siempre lo máximo que puedas.

Lo máximo que puedas hacer varía constantemente en dependencia de múltiples factores. Haz siempre lo máximo que puedas, significa que si intentas esforzarte demasiado para hacer más de lo que puedes, gastarás más energía de la necesaria y al final el rendimiento no será suficiente. Cuando te excedes vas en tu contra. Por otro lado, si haces menos de lo que puedes hacer, terminarás con frustraciones, juicios, culpas y reproches. Si se hace lo máximo que uno puede hacer, en cualquier circunstancia de la vida, no te juzgarás a ti mismo en modo alguno.

Haz lo máximo que puedas hacer, significa que es la acción lo que te da felicidad. Hacer lo máximo significa que actúas porque amas hacerlo, no porque esperas una recompensa. Si te gusta lo que haces y siempre haces lo máximo que puedas, entonces disfrutarás realmente de la vida. Te divertirás y no te sentirás frustrado.

No te inquietes por el futuro, mantén atención en el día de hoy y permanece en el momento presente.

No creo que esto pueda funcionar como receta para todo y todos. No creo que los toltecas, ni nadie en particular tengan la verdad absoluta sobre un determinado tema. Sin embargo, creo fuertemente en que después de leer este pequeño resumen que aquí comparto y ser sinceros con nosotros mismos, podemos lograr una mejoría en lo que sentimos y hacemos, en la forma en que nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás, en la relación que experimentamos entre lo que tenemos y no tenemos, entre la alegría de estar vivos y la tristeza de aparentar una vida que no tenemos y como conclusión general en la forma en que vivimos. Esa mejoría puede ser pequeña al comienzo, no importa, lo esencial es comenzar. Luego si se establece un método coherente e independiente del proceso de la domesticación para vivir, pensar y evaluar lo que hacemos y tenemos, la mejoría sola irá creciendo y llegará el momento incluso que estaremos en condiciones de poderla compartir con otros, porque nos sobrará.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

CUENTO VIEJO, DISPOSICION NUEVA. NO HABRÁ MAS INDIOS EN REPUBLICA DOMINICANA.

Como varias veces he contado, llegué a República Dominicana en diciembre del 2007. A los pocos meses de estar aquí, vencida mi VISA de turismo e interesado en quedarme a vivir en este país, comencé el escabroso trámite de legalizar mi estatus migratorio, para lo cual tuve que someterme, como todo el que pretende esto, a muchos viajes a la Dirección General de Migración y Extranjería, documentos y más documentos, copias y más copias, certificado de buena conducta, examen médico, fotos y mucho dinero.

Como parte final para obtener la Residencia Provisional por un año, está la de sacar la Cédula Dominicana en la Junta Central Electoral, a lo que me dispuse llegado el momento. Ya saben, de nuevo documentos y más documentos, fotos y más dinero.

Recuerdo que después de llenar una planilla y entregarla, casi al final del trámite, antes de recibir la Cédula, la muchacha, de piel bastante oscura pero con el pelo extremadamente lacio y brilloso, que agradablemente me atendía, me dijo:

_ Por favor, revise los datos para evitar errores.

A lo que muy rápido, como siempre desesperado por terminar e irme, respondí:

_ No es necesario, deben estar bien.

Ella sonriendo, quizás recordando otros casos anteriores o quizás pensando, no seas bobo lee porque luego te va a costar, me dijo:

_ Revíselo con calma, pues luego, si existe un error, para arreglarlo va a tener que pagar 1000.00 pesos dominicanos.

La noticia fue tan impactante que con la misma rapidez que respondí que no hacia falta revisar, cogí la planilla y comencé a leerla. ¿Mil pesos por un error?????? Están locos. Ya saben, nombres, apellidos, estado civil, etc. Todo estaba bien, pero … para mi asombro cuando llegó al tema de la raza, leo que dice indio y eso me impactó y medio me molestó, todo esto muy en el interior. JAJAJAJAJA

Muy cuidadosamente levanté la vista y le dije:

_ Mira, a mí no me importa, pero salí de Cuba siendo blanco y tengo más de 40 años viviendo bajo esta denominación y ahora tú me pones que soy indio.

En realidad si me importaba, de no importarme ni me hubiera molestado en leer. Ella, con un dinámico movimiento de cabeza, lo que garantizaba un ir y venir de su cabello lacio que siempre quedaba arreglado y una seguridad espantosa, de esas de que el Sol siempre sale por el este, me respondió:

_ Si, usted es indio.

A lo que yo, todavía muy cuidadosamente, tratando de no crear un problema que pudiera entorpecer el trámite y evitando que a alguien se le ocurriera que debía regresar a Cuba, pero medio jodido, le pregunté:

_ ¿Y entonces para ti, quiénes son los blancos?

Ella levantó su cabeza por encima de las personas que estábamos apilonadas en aquel cuartico y señalando a dos extranjeros que estaban sentados rígidos e inmóviles, me dijo:

_ Mire, aquellos dos, son blancos.

Fin del cuento. Los extranjeros eran de esas personas típicas del norte, norte, de algún lugar como Europa o Canadá, o sea, no eran blancos, sino casi transparentes, el color del pelo de la cabeza, único lugar visible donde poseían bellos, se confundía con el color de la piel, y lo único diferente a ese color, eran los ojos azules que resaltaban en medio de aquella gran palidez.

Entonces, yo muy convencido y alegre y con una gran sonrisa que lo demostraba, le dije:

_ OK. Evidentemente si esos son los blancos, entonces yo soy indio.

Terminé los trámites y salí de allí con mi Cédula. Eso era lo importante, no la raza ni el color de mi piel. Aunque confieso me complicaba desde el punto de vista teórico la idea de que seguimos arrastrando el tema de la conquista a pesar de los siglos que han pasado, pues seguimos llamando indios a un tipo de persona, a la cual deberíamos reconocer como aborígenes, ya que indios fue el calificativo español utilizado por equivocación para definir a los pobladores de estas tierras, que como todos sabemos, poco nos parecemos y tenemos que ver con los que nacen en India.

Hasta hoy tengo lo de indio en mi Cédula, lo que siempre sirve de broma entre mis amigos cuando nos reunimos y salen a relucir las dominicanadas que vemos, sobre todo cuando en ese grupo existe la linda Ileana Romero, hija de nuestro gran Roberto Romero, mulata, francamente mulatas, gustosamente mulatas, que tiene puesto en su Cédula, color de la piel blanco.

Pero como la justicia no se hace esperar, hace menos de un mes, la Junta Central Electoral, tratando de arreglar el potaje o sancocho en dominicano, en vista a las próximas elecciones del 2012, presentó al Congreso Nacional un Proyecto de Reforma a la Ley Electoral de la República Dominicana, donde define que “el color será establecido por la etnia a la que pertenezca el inscrito, y como los colores que se establecen por etnia son el mulato, negro y blanco, entonces el indio desaparecería”.

¡Aleluya!!!!!!!!!!!!!!!. Después de cinco siglos, no habrá más indios en República Dominicana. Mulato, negro y blanco serán los colores para distinguir a los dominicanos y a los residentes extranjeros, por lo que en algún momento de mi vida podré recobrar mi categoría de blanco. JAJAJAJAJAJA. Conmigo deberán escapar también muchos otros, pienso ahora en los pobres chinos que abundan en nuestras calles y la categoría de amarillos que le hemos puesto. ¿Amarillos? Imagino que ellos se preguntaran constantemente.

Y ahora esto me introduce otra preocupación y muchas otras dudas, que tienen que ver obviamente con la gran diversidad que significa a lo que algunos definen como la única raza que existe, el ser humano. ¿Es el mulato un color?, ¿Dónde está la frontera entre los colores para definir la piel?, ¿Cómo le pondríamos a Michael Jackson hoy, de estar vivo obviamente y no haber visto las fotos de cuando era niño o adolescente, blanco, mulato o negro?, ¿A los dominicanos les gustará lo de negros, porque los subiditos de color se autonombran morenos, teniendo en cuenta que con frecuencia sólo se utiliza lo de negro para los haitianos y a veces de forma despectiva?, ¿Seguirán teniendo en la Junta a dos extranjeros rubios, lampiños, blancos transparentes, sentados allí como patrón de referencia para otorgar el color blanco?, ¿Mejoraré para blanco o me impondrán lo de mulato?, ¿Tendré que pasar semanas y semanas a la sombra para quitarme de arriba el sol de las calles dominicanas?, ¿Tendré que virarme y bajarme el pantalón para enseñar la parte donde no da el Sol? JAJAJAJAJAJA.

Tengo que esperar hasta el próximo año para renovar mis documentos, aunque debo reconocer que iría antes sólo para curiosear y ver cómo lo definen. Imagino que sacaran un pantone o tabla de colores para comparar. Imagino a gente peleando. Espero para ese entonces poder contarles.

martes, 15 de noviembre de 2011

El desodorante de Jonathan.

Tengo una lista enorme de cosas sobre las que pienso escribir, pero como lo que me acaba de ocurrir hoy, lunes 14 de noviembre de 2011, resulta increíble, casi insólito, lo priorizo.

Vivimos cerca del supermercado Nacional de la Avenida Núñez de Cáceres, en Santo Domingo, por lo que es el lugar más visitado por nosotros para la compra de los productos que solemos consumir. Ahora mismo, en medio de constructores, cables en el piso, cemento, pintura, como parte de los trabajos de reconstrucción del lugar que se están haciendo con los clientes dentro y un cambio constante, casi a diario, de los estantes y los productos, lo que dificulta la localización de lo que uno busca, seguimos visitando dicho supermercado. La oferta es buena, los precios …, bueno los precios no tan buenos, pero …

El pasado 10 de noviembre hicimos una de nuestras comprar habituales. Mi hijo Jonathan asistió como compañía y de paso seleccionó su desodorante, pues semanas antes no lo había podido encontrar. La visita, como siempre programada para muy pocos productos y muy corto tiempo, se convirtió en un carro lleno de cosas y casi hora y media de paseo entre envases, etiquetas, colores, precios, etc. Al final pagamos en la caja escogida al azar y nos regresamos a nuestro apartamento.

Al desempacar y organizar la compra, muy rápido detectamos que faltaba el dichoso desodorante y nos dispusimos a pensar y hablar mal del supermercado y de todos los que allí trabajan. Como los mismos dominicanos apuntan que la vida ha ido cambiando en su otrora tranquilo país y que a partir de hace dos años la violencia, el robo, la falta de respeto ciudadana, la falta de solidaridad y la deshumanización de muchos, ha venido creciendo, nos fue muy fácil caer en la conclusión que nos habían robado.

No había sido la cajera, pues yo me mantuve todo el tiempo frente a ella mientras pasaba los productos por el scanner, pero, ¿el muchacho empacador, el que mete los productos en las fundas *? El resultaba más fácil de convertir en el culpable que necesitábamos. El desodorante no era tan importante como para volver en ese momento al súper. El calor existente, la inversión de tiempo en averiguar y explicar quizás a varias personas en el supermercado hacían que no nos estimuláramos a regresar, así que nos quedamos en casa, pero siempre con el mal sabor de haber sido los “bobos” de los cuales había vivido ese día un “vivo”.

Hoy regresamos al mismo supermercado en busca de algunas cosas que no habíamos comprado en nuestra visita anterior, y entre ellas, por supuesto, el desodorante de Jonathan. Mientras caminábamos dentro del súper, en medio de nuestro “divertido paseo”, de pronto una mujer, me niego a definirla mejor porque el tema de la edad y las mujeres es bien complejo, aunque me arriesgo a decir que era relativamente joven, vestida de uniforme, lo que la identificaba como empleada del supermercado, se nos abalanzaba rápidamente, dándonos gritos, bajitos, pero gritos. Jonathan y yo nos miramos sorprendidos y aunque no nos comentamos nada, pensamos al unísono, bueno, qué fue lo que hicimos ahora.

A medida que ella se nos acercaba, su rostro comenzó a delatar una franca satisfacción, no entendíamos, pero al menos pudimos concluir por su sonrisa que no traía un regaño. Sentimos alivio y entonces ocurrió lo insospechado, lo inesperado, lo asombroso para los días que vivimos.

La mujer, a la que hoy conocemos por su nombre, Nilva Patxot Romero, no era una empleada común, sino una cajera, la cajera que nos había atendido aquel 10 de noviembre y por su sonrisa grande, no venía a reganarnos, todo lo contrario. Ella nos había identificado y venía a comunicarnos que el desodorante de Jonathan, se nos había quedado enmarañado con el resto de las fundas vacías que siempre hay sobre el área de empaque. Para colmo, con ella traía al Jefe de Seguridad, al que le explicó tan bien que no pudo decir ni una palabra. Luego para rematar se brindó a que pasáramos a pagar por su caja, pues como ella conocía muy bien la historia, el desodorante que ya teníamos seleccionado junto a los otros productos, no se nos cobraría.

Mi primera reacción fue de esas de: ¿Qué? No podía entender, ni creer mucho que esto estuviera sucediendo. Jonathan, sonreía abiertamente, no sé si por la historia de su desodorante o por mi reacción, de seguro recordaba todo lo mal que habíamos pensado y hablado sobre el tema.

Pagamos a Nilva, desde hoy nuestra cajera preferida y salimos con el desodorante, tal como si fuera una medalla de oro de esas que se ganan en un evento deportivo o una de esas piezas antiguas que se encuentran en una excavación arqueológica. A ella, lamentablemente, no podré subirle el sueldo, no podré cambiarle el uniforme por otro más lindo y cómodo, no podré promoverla a otro puesto dentro del supermercado, quizás no podré dejarle ni una buena propina, su condición de cajera lo impide, pero si podre agradecerle siempre, más de lo que ya lo hice. Su acción y esfuerzo enseña que en medio de tanto deterioro humano, siguen existiendo personas buenas.

Entonces a ella como agradecimiento, no por el desodorante de Jonathan, sino por la enseñanza de que se puede ser mejor, va dedicado este artículo.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Circo del Sol en República Dominicana


Espectacular. Sencillamente ES-PEC-TA-CU-LAR. Esa debe ser la sensación de las miles de personas en República Dominicana y quizás de millones alrededor del mundo que han podido presenciar en vivo una actuación del mundialmente famoso Cirque du Soleil, (Circo del Sol).

No soy amante del circo. He asistido a él en dos momentos diferentes de mi vida, quizás como muchas otras personas. Primero como niño, hoy recuerdo que ilusionado con presenciar las cosas que uno no veía todos los días, o sea, el tipo que echaba fuego por la boca, los malabaristas, el domador de leones, creo que durante muchos años en Cuba sólo existió uno, y los payasos. Segundo como papá, en esos momento menos ilusionado con lo del traga fuego y el domador, pero contento con poder acompañar a los míos y verlos divertirse, quizás con los mismos números de siempre, el mismo trompetista y su trompeta estridente y desafinada, el mismo domador y los mismos leones, todos con 15 ó 20 años más, aunque para los niños nuevos.

Cuando escucho la palabra circo, no puedo evitar pensar en aquellas aventura en blanco y negro de “Juan Quinquín en Pueblo Mocho”, que tantas veces repitieron en la TV cubana, donde los papeles fueron interpretados por los mismos actores fundadores, Julito Martínez y Edwin Fernández, varias veces y al faltar estos, fueron también interpretados por la mitad de los actores, ya no tan buenos, del ICRT, pero que nos entretenían a los muchachos sin tener tanto derroche de tecnología, sino más que todo con buenas y agradables actuaciones.

Durante estos últimos años, primero en Cuba y después en República Dominicana, he visto las presentaciones del Circo del Sol a través de videos y siempre al terminar totalmente apasionado con el asunto, me quedaba, imagino como muchas otras personas, el sabor amargo de que nunca lo podría ver en vivo. Ya saben el “fatalismo geográfico”.

Un buen día del pasado mes de octubre aparecieron en la ciudad los primeros carteles que anunciaban la próxima presentación del Circo del Sol en Santo Domingo, lo que aumentó mi ansiedad debido ahora a la cercanía. Mi hijo Jonathan se dispuso a comprar las entradas para asistir junto a la familia de su novia. Lo que como consuelo, al final me alegró, pues por lo menos tendría buenos cuentos de primera mano, confiando en la expresividad de mi descendiente.

Pero como decimos en Cuba, la suerte es loca y a cualquiera la toca. Entonces una mañana, teniendo ya Jonathan sus entradas en la mano, lo llamaron desde Orange, su proveedor de servicios telefónicos y le dijeron que se había ganado dos entradas para la premier del Circo del Sol. Lo primero que ésta llamada desencadenó fue incredulidad. No podíamos tener tanta suerte. Casi sin creer mucho, Jonathan fue a la oficina de Orange más cercana y regresó contento con un sobre negro, elegante, que contenía dos entradas. A partir de ahí, mi sueño de presenciar éste espectáculo en vivo, se hizo realidad como por arte de magia.
El Circo del Sol fue fundado en 1982 por un grupo de artistas acrobáticos de las calles de Montreal y Quebec, en Canadá, que decidieron reunirse para crear una escuela y una nueva forma de hacer un espectáculo circense. A partir de ahí comenzó y creció la obra que hoy podemos disfrutar.

Cada una de sus obras y presentaciones resulta un desafío a la estética y belleza, a partir de un muy pulcro montaje y un muy buen respaldo de la más moderna tecnología. La combinación del fabuloso vestuario, el sistema de luces, la música en vivo bien interpretada con cantantes muy profesionales, la sincronización y el ritmo de cada uno de los actos, junto a la elevadísima profesionalidad de todos los participantes, hacen del momento algo inigualable.

El primer reto para mí que tenía el Circo del Sol en Santo Domingo era la hora de comienzo. Son pocas las actividades, casi ninguna, las que comienzan a la hora señalada y como la tradición en este sentido es tan, pero tan fuerte, estaba convencido de que lo de las 7:30 pm era un chiste. Para mi asombro, a las 7:24 pm salieron unos payasos a caletar al público asistente, de esos que se roban totalmente el show desde que aparecen y a las 7:30 pm en punto, sin un segundo de más o de menos, el audio local, para esta ocasión de extrema calidad, dijo: Buenas Noches, Damas y Caballeros. A partir de ahí todo lo que aconteció fue maravilloso, desafiando la relación que existe entre lo que uno cree que se puede y no se puede hacer.

Dralion, nombre del espectáculo presentado, proveniente de la unión de Dragón y León, como símbolos de occidente y oriente, refleja el tan necesario equilibrio entre la naturaleza y los seres humanos, a partir de bailes o danzas cercanas a lo folklórico, vestuarios tradicionales de África, India y China, canciones en un idioma inventado exclusivamente para esta obra, que no se entiende, pero se entiende, magistral juego de luces y dentro de todo esto, las fantásticas demostraciones acrobáticas, de enorme belleza y complejidad, donde los giros, saltos, enganches y coreografías humanas llegan hasta donde uno no puede imaginar.

Al final, como recompensa, los actores, músicos, y acróbatas, obtuvieron con enorme espontaneidad, los aplausos de un público, no sólo de niños, sino de muchos, muchos jóvenes y adultos, asombrados y agradecidos por la calidad de lo que habían presenciado.

Y ahí estaba yo, aplaudiendo tanto o más que cuando era niño. También asombrado y agradecido. Tal fue mi sentimiento que tan pronto salí del espectáculo, luego de varios minutos de chocar efusivamente ambas manos, comencé a lamentar no poder verlo de nuevo al siguiente día. Así es la vida de inconforme.